El caso de Lindsay Clancy... o el poder del deseo
El actual y famoso juicio contra Lindsay Clancy , la asesina de sus tres hijos pequeños, merece una pequeña reflexión sobre la relación entre las acciones criminales y los trastornos mentales. ¿Son éstos tan determinantes como a menudo se supone? En mi opinión y desde un enfoque psicodinámico, invocar un trastorno mental -ya sea de tipo neurótico, psicótico, etc.- como causa o, al menos, "atenuante" de una acción delictiva no tiene demasiado sentido. Porque los trastornos mentales sólo expresan dolorosos conflictos inconscientes del sujeto, mientras que las acciones criminales obedecen, tanto en locos como en cuerdos, a deseos específicos. En este caso, matar a los hijos. Esto significa que, al margen de la "conciencia del bien y del mal" que tenga o no el delincuente en el momento de su acción, o de si actuó fría y calculadamente o bien bajo la influencia de impulsos patológicos, drogas, etc., el motor final de su conducta es que DESEABA realizarla. Por los moti...