¿Hombres sin orgullo?
Me entristece
mucho observar cómo en las últimas décadas, por la acción
combinada del feminismo radical, el progresismo/wokismo y el fascismo político de la "violencia de género", millones de hombres han
sido castrados. Ya lo estaban inconscientemente ("los
hombres no lloran", etc.), pero ahora también lo son conscientemente,
intelectualmente, legalmente, políticamente. Soportan con
mansedumbre toda clase de acusaciones, humillaciones,
injusticias, atropellos, convencidos al parecer -la mayoría-
de que todos estos despotismos están justificados. Apenas hay
-que yo sepa- indignación, protestas organizadas, rebeliones,
exigencias eficientes de un trato no sólo justo y
democrático, sino mínimamente constitucional. El fanatismo
misándrico sigue arrollando impunemente a los hombres, sin
oposiciones significativas. ¿Por qué?
Yo creo que en lo más hondo de la mayoría de corazones masculinos sigue existiendo una generalizada y casi atávica dependencia psíquica de las mujeres. A veces hasta niveles patológicos. Esta dependencia tiene muchas causas, entre ellas:
- político-religiosas: la sumisión a la institución familiar y, en especial, a la Madre
- emocionales: el apego/adoración excesiva a mamá y, por tanto, a todas sus "representantes", las mujeres
- neuróticas: el hambre de amor femenino derivada de crianzas fallidas
- eróticas: el deseo sexual masculino
- socioculturales: la idealización global (por todo lo anterior) de las mujeres, el culto a la feminidad y la maternidad, etc.
Por todo esto, salvo una amplia fracción de hombres más o menos perturbados respecto a la madre/mujeres, la mayoría de varones tiene miedo de perder a las mujeres (1). Carecen de suficiente autoestima, de fuerza, incluso de orgullo, para enfrentarse a ellas, ponerles límites, frenar sus abusos, e incluso dejarlas si es necesario. Simplemente no se atreven. Las aguantan, bromean sobre ello, desdramatizan (sólo en apariencia) los problemas, etc. "Son como niños". Y, sin esta capacidad de amor propio y autodefensa, renunciando a una buena parte de su dignidad y bienestar, entregan casi todo el poder a toda clase de mujeres más o menos abusivas e incluso trastornadas. Y a los gobiernos que interesadamente las "empoderan".
La destructiva misandria sociopolítica actual, que permanentemente denigra y persigue al hombre fuerte considerándolo machista, misógino, potencialmente "peligroso", etc., y fomenta, en cambio, al hombre débil, temeroso, servil, incluso afeminado, no terminará mientras la mayoría de hombres siga creyendo ese discurso, culpabilizándose, avergonzándose de ser varones. La verdad es que ningún hombre psicológicamente sano debe disculparse por serlo. Ningún hombre debe pedir permiso ni perdón por gozar de falo, fuerza, testosterona, vitalidad, orgullo. Nadie que no se atreva a hacerse respetar será nunca respetado por nadie. (2) Todo lo cual, naturalmente y sobra decirlo, no significa que ningún hombre -como ninguna mujer- tenga derecho a abusar en cualquier sentido de nadie.
Todo exceso por parte de cualquier sexo debe ser combatido, en fin, legalmente en función de sus causas específicas, etc., y no desde sexismos totalitarios que esencialmente sólo buscan revancha, poder e incluso "exterminio" de la otra parte. Si hombres y mujeres somos tan "iguales y respetables" como afirman nuestras hipócritas leyes, ¿no ha llegado ya la hora de demostrarlo? Pero para ello es indispensable la recuperación del sano orgullo masculino.
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1. Es muy significativo, por ejemplo, que en la música "romántica" popular la mayoría de temas masculinos tratan de adoración, halagos y sumisión a la mujer, dependencia extrema ("no puedo vivir sin ti"), lamentos y súplicas por su desamor o abandono, etc. (En contraste, los temas femeninos suelen referirse a "pasiones" posesivas, quejas y reproches al varón, rencores, etc.).
2. Esto es evidentemente aplicable no sólo a los hombres respecto a las mujeres, sino a todas las personas en relación a los demás, los problemas sociales, las injusticias políticas, etc.
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