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Mostrando las entradas etiquetadas como síntoma

La gente dura

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El estoicismo está de moda. Siempre lo ha estado. Es decir, el ideal de ser (o parecer) una persona "dura" frente al dolor y las dificultades. Ser fuerte, resistente... "resiliente" es lo que la mayoría considera "bueno". En cambio, ser demasiado sensible, vulnerable, depresivo, pesimista, está mal visto; lo confundimos con debilidad, inmadurez, inferioridad, y la gente, en general, desprecia eso. Lo desprecia precisamente porque se avergüenza de sus propias "debilidades". Por eso necesita aparentar ser fuerte a toda costa. Pero lo que llamamos debilidad puede expresar, en realidad, cosas muy diferentes: por ejemplo, sensibilidad, consciencia, miedo, prudencia, traumas, otros valores, etc. Y todo ello nos hace expresarnos y actuar de formas muy distintas a las que sociedad nos exige y/o espera de nosotros. Por eso, al adolescente que no qu...

"¡Ha sido sin querer!"

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Todos conocemos los lapsus y actos fallidos, esos "goles" que le marca el inconsciente a nuestra voluntad. Por ejemplo, cuando queremos decir una palabra pero se nos "escapa" otra. Cuando queremos hacer algo pero siempre se nos "olvida". Cuando no recordamos dónde hemos guardado una cosa "importante"... Son triunfos espectaculares (parecidos a los síntomas neuróticos) de nuestro inconsciente, que a menudo nos hacen exclamar "¡ay, perdona, ha sido sin querer!", o "¡uy, no era mi intención!", o "es que estaba un poco borracho/a", y otras excusas parecidas. Pero lo cierto es que todo ello acostumbran a ser "erupciones" de nuestro inconsciente; expresiones de deseos que ni siquiera sabemos que están ahí, y que queremos negar a toda costa, porque nos avergüenzan. Por ejemplo: Un padre "pierde el control" con su hijo/a y le da un bofetón. ...

¿Mejorar sin cambiar nada? - El beneficio secundario

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Si alguien busca la salud, pregúntale si está dispuesto a evitar en el futuro las causas de la enfermedad. De lo contrario, abstente de ayudarle. Sócrates Una incoherencia habitual de muchas personas es pensar que su vida "mejorará"... sin hacer el menor esfuerzo para conseguirlo. Esta es una creencia mágica y profundamente infantil: "¡ojalá todo cambie!" . Incluso muchas personas, sobre todo las más admiradoras de Alice Miller (que acostumbran a ser  las más dañadas), acuden a terapia desde tal actitud. Quieren mejorar, pero al mismo tiempo se niegan, se resisten con todas sus fuerzas a alejarse de los hábitos y/o personas que las enferman. ¿Por qué sucede esto? La mayoría de gente sufre mucho, nadie puede negarlo, pero al mismo tiempo no se da cuenta de que ese dolor es el "precio" que neurótica e inconscientemente han elegido pagar para eludir otro tipo de sufrimientos que consideran peores; y/...

La obsesión por la limpieza

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Muchas mujeres, sobre todo las más "tradicionales", son obsesivas con la limpieza. Todos hemos conocido algún caso. Son aquellas que se obcecan con el estricto ritual cotidiano, que ellas mismas se imponen, de limpiar y ordenar minuciosamente la casa a diario, incluso varias veces al día, para mantenerlo todo perfectamente limpio, reluciente, desinfectado... Su empeño puede abarcar también la higiene personal propia y/o la de su familia, o mantener la ropa limpísima, blanquísima, perfumadísima... Son personas a las que los quehaceres cotidianos no se les acaban nunca, siempre las encontraremos atareadas, barriendo, fregando, frotando y... reprendiendo a los demás si osan tocar esto, si desordenan aquello, si no se bañan o no se lavan las manos tantas veces como ellas consideran necesario... Pero ¿qué les ocurre a estas mujeres? El componente cultural es importante. Sus madres les enseñaron que una "buena esposa...

La queja: ¿desahogo o estrategia?

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Reiteramos a menudo la necesidad de expresarnos, de quejarnos, de desfogar nuestras emociones y sentimientos como requisito indispensable para aliviar la acuciante presión de nuestro inconsciente. Ahora bien, ¿todas las quejas son iguales? ¿O hay quejas "necesarias" para liberarnos pero, al revés, hay también quejas que sólo contribuyen a perpetuar nuestros problemas? A este segundo tipo la denominamos quejas neuróticas . La queja neurótica es otra trampa de nuestro inconsciente. Pese a su apariencia, no está destinada a encontrar sinceramente soluciones, sino sólo a llamar la atención del sujeto, darse importancia, "robar" a escondidas migajas de afecto de los demás. Y todo ello sin ningún esfuerzo real de la persona por mejorar. Por eso la queja neurótica es siempre un truco repetitivo, interminable, incluso agobiante... La persona "quejica" nunca se cansa de lamentarse,...

La ansiedad

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La sociedad trata la ansiedad (y demás síntomas neuróticos) como si fuese una enfermedad, pero ¿cuál es su tratamiento? La contención conductual o química. Sería el equivalente a sufrir una fortísima alergia nasal y que el médico nos recetase... ¡una pinza para la nariz! Pocos hablan, en cambio, de la ansiedad como el retorno de las emociones reprimidas . Como las "fumarolas" de enormes tensiones -de tipo diverso- que escondemos en nuestro interior sin atrevernos a reconocerlas ni expresarlas. Esto es precisamente, en mi opinión, la ansiedad. Somos, sin duda alguna, volcanes emocionales cuyos mares de lava desconocemos. La lava se ha ido formando y acumulando desde que éramos niños a base de desamores y maltratos, y sólo manifestamos una pequeñísima parte de su contenido. El resto sale inconteniblemente al exterior en forma de ansiedades, tristezas, miedos, pesadillas... Cuando no podemos a...

La intelectualización

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Muchas personas creen que leer muchos libros de psicología o autoayuda les ayudará a mejorar. Que pensar en ellas mismas o  en lo que les ha ocurrido, a veces de forma casi obsesiva,  les hará ser más felices. Incluso creen que hacer terapia para  hablar una y otra vez de las mismas cosas les proporcionará el bienestar que necesitan... ¿Leer, pensar, hablar? Todas son actividades intelectuales que no tienen nada que ver con el corazón. Pertenecen a la mente. Y si pertenecen a la mente, a la cabeza, ¿cómo podremos entonces aliviar el sufrimiento emocional? Son muchos los que parecen desconocer que la única forma de mejorar emocionalmente es atreviéndonos a bajar a nuestro corazón, atreviéndonos a sentir .  Pues simplemente  leer, pensar, hablar  de nuestros problemas sin "mojarnos" en nuestros sentimientos es una pérdida de  tiempo. Es una def...

El complejo de inferioridad

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Muchas personas sufren un arraigado sentimiento de insuficiencia, la profunda creencia de que valen menos que los demás y que no son capaces de conseguir sus metas. Los motivos de esta autoimagen distorsionada no son difíciles de comprender. Imaginemos a un niño criado por unos padres poco afectuosos, autoritarios y controladores, que necesitan desahogar sus propios malestares compitiendo y venciendo siempre a su hijo. El niño no tiene la menor posibilidad de defenderse contra eso, salvo someterse. A la larga, como un animal destruido, dejará de luchar por sus deseos y quedará profundamente convencido de su supuesta invalidez e impotencia. En adelante, se comparará con toda persona que se cruce en su vida llegando siempre a la misma conclusión: "¡no valgo lo suficiente!" De hecho, tenderá a relacionarse con personas que lo traten del mismo modo que lo hicieron sus padres (controlándolo, someti...

Depresión: el hambre oculta

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La psiquiatría describe la depresión como un trastormo caracterizado por una serie de síntomas: p.ej., tristeza, disminución del interés o la capacidad de placer, pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, pensamientos de muerte, etc. Muy bien. Pero ¿cuál es su origen? ¿Cómo llega una persona a un estado duradero -o incluso crónico- de depresión. Para saberlo, es indispensable conocer la vida de la persona en los últimos años e incluso remontarse a su infancia si es necesario. Sabemos que, lo mismo que el cuerpo necesita aire y comida, el alimento del corazón es el amor. Ya el psicólogo americano René Spitz, observando hospitales y orfanatos, demostró que los bebés privados de sus madres al principio lloran, gritan y se angustian. Más tarde aparece la resignación, la tristeza, la negativa a comer. Y si la ausencia de la madre dura aún más, si nadie suple afectivamente a la madre, entonce...