¿Autosugestión? No, gracias.
Antiguamente, frente a cualquier reto o incertidumbre mucha gente rezaba (o al menos se santiguaba) para pedir ayuda y protección. Hoy los sucedáneos de "autosuperación" nos aconsejan ser optimistas, pensar en positivo, decirnos "yo puedo" lograrlo, triunfaré si me esfuerzo "lo suficiente", etc. Parecemos huérfanos que, sin ayuda real de nadie, sólo nos queda hipnotizarnos con palabras y actitudes supuestamente salvadoras. Esto lo vemos muy bien en los deportes. Frente a cualquier gran competición, los deportistas y sus seguidores suelen repetir mantras autoestimulantes del tipo "vamos a ganar, estamos muy preparados, estamos motivadísimos, somos los mejores..." y demás fórmulas tranquilizantes y elevadoras de la moral. El problema es que los rivales cultivan exactamente los mismos rituales; y que en toda competición, igual que en todo aspecto de la vida, intervienen además y pese a nuestros mejores deseos, muchos otros factores. Por ejem...