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Mostrando las entradas etiquetadas como sentimientos

La gente dura

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El estoicismo está de moda. Siempre lo ha estado. Es decir, el ideal de ser (o parecer) una persona "dura" frente al dolor y las dificultades. Ser fuerte, resistente... "resiliente" es lo que la mayoría considera "bueno". En cambio, ser demasiado sensible, vulnerable, depresivo, pesimista, está mal visto; lo confundimos con debilidad, inmadurez, inferioridad, y la gente, en general, desprecia eso. Lo desprecia precisamente porque se avergüenza de sus propias "debilidades". Por eso necesita aparentar ser fuerte a toda costa. Pero lo que llamamos debilidad puede expresar, en realidad, cosas muy diferentes: por ejemplo, sensibilidad, consciencia, miedo, prudencia, traumas, otros valores, etc. Y todo ello nos hace expresarnos y actuar de formas muy distintas a las que sociedad nos exige y/o espera de nosotros. Por eso, al adolescente que no qu...

Manifiesto

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Tienes derecho a amar y odiar Tienes derecho a hacer y no hacer Tienes derecho a decir sí y decir no Tienes derecho a probar y equivocarte. Tienes derecho a reír y llorar Tienes derecho a ponerte furioso Tienes derecho a disfrutar del placer Tienes derecho a no culparte. Tienes derecho a sentir y pensar diferente Tienes derecho a actuar de otro modo Tienes derecho a no sentir lo que ellos esperan Tienes derecho a expresarte. Tienes derecho a ser fuerte o débil Tienes derecho a ser feliz o infeliz Tienes derecho a no ser perfecto Tienes derecho a alejarte. Tienes derecho al amor Tienes derecho a ser respetado Tienes derecho a elegir por ti mismo Tienes derecho a rebelarte. Tienes derecho a no callar ni mentir Tienes derecho a no agrad...

La voz: el otro espejo del alma

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Siempre se ha dicho que "la mirada es el espejo del alma". Y con toda la razón. Por eso las miradas, que son ventanas al inconsciente, pueden ser interpretadas en psicoterapia, etc. Pero hay también otro canal donde el alma se expresa, y éste es la voz. Porque la voz transmite innumerables emociones conscientes e inconscientes como pueden ser el miedo, la ira, hostilidad, dureza, frialdad, dudas, impaciencia, tristeza, inseguridad... Matices que nuestro inconsciente capta y que, si estamos atentos, también podemos interpretar. "Dime cómo hablas y te diré quién eres". Hay, como todos sabemos, muchas clases de voces. Voces serenas y voces ansiosas. Voces frías y voces cálidas. Voces dulces y voces tensas. Voces fuertes, inaudibles, agitadas, atropelladas, histéricas, agresivas, lentas, rápidas, disonantes, retadoras, deprimidas, avasalladoras... Y estos rasgos son una característica constante e inconsciente. No los provocan determinadas situaciones concret...

Odio al odio

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Al principio de las terapias, es habitual que algunos de mis pacientes se muestren resistentes, "alérgicos" al odio que sienten hacia determinados familiares supuestamente queridos, y se sienten molestos (o enfadados) cuando se lo pregunto o señalo, o cuando ellos mismos lo descubren en los tests que realizamos. Algunos no contestan a ciertas preguntas, o cambian el concepto de "odio" por el de "no me gusta", y casi todos se apresuran a aclarar que ellos no odian a nadie y mucho menos a su familia, pareja o hijos, porque "el amor y el odio son incompatibles". Así son las defensas psicológicas de los individuos... y los mitos de la cultura occidental. Nuestra sociedad, basada en profundísimos prejuicios judeocristianos, considera no sólo que odiar es "malo", sino que cualquier actitud que no sea "amorosa, fuerte y alegre" es despreciable y/o patológica. Por eso infinida...

¿Quién eres tú?

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No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Jiddu Krishnamurti El ser humano necesita sentirse aceptado, querido, pertenecer primero a su familia y, después, a la sociedad en la que vive. Por eso, para calmar su miedo al rechazo, se somete, se conforma, se subordina. Primero a los deseos de sus padres y más tarde a los del mundo. El problema es que, cuando nos rendimos a los deseos de los demás, dejamos de percibir los nuestros. Simplemente pensamos lo que quieren que pensemos, hacemos lo que quieren que hagamos, intentamos sentir lo que nos mandan que sintamos... y así llegamos a quedar casi completamente ciegos a nuestras propias necesidades y sentimientos. O, aunque los veamos, no podemos soportarlos y luchamos agotadoramente contra nosotros mismos para no quedar excluidos del rebaño. La sociedad "moderna", salvajemente materialista y superficial y donde apenas cabe ...

La queja: ¿desahogo o estrategia?

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Reiteramos a menudo la necesidad de expresarnos, de quejarnos, de desfogar nuestras emociones y sentimientos como requisito indispensable para aliviar la acuciante presión de nuestro inconsciente. Ahora bien, ¿todas las quejas son iguales? ¿O hay quejas "necesarias" para liberarnos pero, al revés, hay también quejas que sólo contribuyen a perpetuar nuestros problemas? A este segundo tipo la denominamos quejas neuróticas . La queja neurótica es otra trampa de nuestro inconsciente. Pese a su apariencia, no está destinada a encontrar sinceramente soluciones, sino sólo a llamar la atención del sujeto, darse importancia, "robar" a escondidas migajas de afecto de los demás. Y todo ello sin ningún esfuerzo real de la persona por mejorar. Por eso la queja neurótica es siempre un truco repetitivo, interminable, incluso agobiante... La persona "quejica" nunca se cansa de lamentarse,...

Psicoterapia y expresión emocional

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No podemos recuperar un mínimo de salud mental si no aprendemos a expresar nuestras emociones. No hay otra forma. Toda nuestra vida psíquica depende de ellas. Todo nuestro ser está constituido por ellas. Por eso nuestras emociones determinan nuestros pensamientos. Nuestras acciones. Nuestras actitudes. Nuestra fuerza interior. Nuestra personalidad. Nuestra felicidad... Y así se demuestra a diario, por ejemplo, en las psicoterapias que realizamos. Hay una diferencia abismal entre los resultados de las personas que, bien motivadas en sus terapias, se vuelcan habitualmente en expresar sus conflictos, respecto a las que se evaden continuamente de ellos. Por ejemplo, quien acostumbra a sincerarse de verdad con el terapeuta, y le gusta también desfogarse sobre sus problemas por escrito, o pintando, o mediante la música o el teatro, o con amistades comprensivas, o llorando y ...

Hambre de amor

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Una madre y su bebé de unos diez meses viajan en tren. La mujer, totalmente ausente, mira distraídamente en todas direcciones... excepto a su hijo. Él, sentado en su cochecito, intenta llamar su atención: le agarra el pantalón, se revuelve, da grititos, busca su rostro... Ella no hace ningún caso. El bebé aumenta sus protestas hasta que, desesperado, tira la galleta que estaba comiendo. Sólo entonces consigue la atención de su madre, que grita furiosa: - ¡Mira que te portas mal! ¡Mira que eres malo! -mientras le limpia con brusquedad las babas y le recoloca el suéter de muy mala gana. Éste es un caso real. Como muchísimos. Un ejemplo cualquiera entre millones de niños que, como niños que son, sólo aspiran a ser atendidos, a que les hagan caso, a ser queridos. Y su hambre de amor es tanta y tan desesperada, que ni siquiera les importa ser tratados a gritos, a empujones, a golpes... Aunque en su corazón el amor quede asociado para siempre al dolor. Aunque, por eso mismo, en ...

Los falsos afectos

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Mucha gente se relaciona como la espuma: sus afectos surgen tan rápidamente como desaparecen. Son superficiales y efímeros. Hoy te abrazan, te regalan, te quieren, te invitan a comidas y fiestas, y mañana, a raíz de cualquier circunstancia (discusión, cambios de trabajo o amigos, etc.) se olvidan inmediatamente de ti. ¿Por qué? Según mi experiencia, la "espuma" social ( grooming ), además de ser una convención útil para aliviar las tensiones y facilitar las relaciones, suele ser también una formación reactiva, un fingimiento automático de las personas precisamente más desvinculadas o problemáticas. "Dime de qué presumes...". Los afectos espumosos son, en otras palabras, un mecanismo de defensa contra casi todo: indiferencia, ansiedades, envidias, intereses egoístas, rechazo, estrés... Así podemos verlo en toda clase de grupos sociales (centros de trabajo, organizaciones, política...). La hipocresía afectiva es ta...