La importancia del buen padre (y 4): viaje a la heterosexualidad

Una buena madre es indispensable para el sano desarrollo psicológico de las personas. Pero un "exceso" de madre puede ser, como sabemos, muy tóxico. Lo llamamos "enmadramiento", codependencia madre-hijo/a o incluso "fusión" patológica. Por eso, igual que los demás mamíferos, el ser humano necesita que a partir de cierto momento la madre realice el gradual destete físico y, sobre todo, emocional, del niño/a. Lo que significa renunciar a seguir siendo el centro absoluto en su vida para permitirle acceder, vincularse psicoafectivamente con otras personas. Comenzando generalmente con el padre.

El padre no sólo es, en efecto, una persona distinta de la madre, sino también de sexo opuesto. Esto es fundamental para los niños y niñas, pues les enseña que, además de mamá, hay también otras formas de ser, de actuar, de relacionarse y amar. Y ello les resultará determinante en su maduración psicosexual. (1)

Para el niño varón, el padre es obviamente un espejo con el que identificarse, al que admirar, imitar, etc. Esto le va proporcionando su "identidad" masculina y también su futura orientación heterosexual, pues "si a papá le gusta mamá (o sea, el género femenino), ¿por qué no va a gustarme a mí también?". Y si mamá es además buena y amorosa, el niño puede incluso enamorarse de ella (el famoso complejo de Edipo). Y más adelante de otras mujeres. Así el hijo va madurando su heterosexualidad.

Para la niña, aunque la madre es el espejo de identificación a la que admirar, imitar, etc., para construir su feminidad, el padre es un descubrimiento, una figura tan diferente (fuerte, resolutivo, divertido, etc.) que le resulta también admirable y digno de amor. Además, como en el caso del niño, "si a mamá le gusta papá (o sea, el género masculino), a mí también me va a gustar". Y si el padre es bueno y amoroso, la niña también puede enamorarse de él (complejo de Electra) y, en el futuro, de otros hombres. Así la hija desarrolla su heterosexualidad.

Ahora bien, desde nuestro enfoque psicodinámico, ¿qué sucede si el padre -o figura masculina equivalente- no existe o es irrelevante, o la madre no lo ama, y sobre todo si ella está sumida en una fusión patológica con el hijo/a? En tales casos, los niños/as no pueden o no se les permite relacionarse psicoafectivamente con el hombre. Y esto, en mi opinión, trunca en ambos sexos su tránsito hacia la heterosexualidad.

El varoncito absorbido por la madre no puede incorporar la masculinidad del padre, ni se atreve a "traicionar" (amando a otras mujeres) la extrema simbiosis madre-hijo, ni se libra de un contradictorio odio secreto hacia esa madre asfixiante, etc. El resultado es que el niño, "atrapado" pero interiorizando a mamá, se feminiza, aprende a mirar con ojos de mujer a los hombres, no logra enamorarse de otras mujeres. En otras palabras, se homosexualiza.

La niña sometida a mamá sufre un proceso similar. No puede acercarse emocionalmente al padre, interioriza el desamor misándrico de la madre, no se atreve a "traicionar" (amando a otros hombres) su fusión con ella,  etc. Y si además el padre es realmente odioso, entonces la niña aún tendrá menos motivos para confiar y vincularse con los varones. Etcétera. Así se irá homosexualizando.

Creo, en suma, que el padre bueno y amoroso -o figura similar- es indispensable para "rescatar" al hijo/a de la posible madre abrumadora, permitiéndole así, de paso, el aprendizaje de la heterosexualidad. Por el contrario, cuando el padre es inexistente o insignificante, los niños/as tienden a sucumbir al dominio/fusión destructiva de ciertas madres, dificultándose de este modo su viaje hacia el otro sexo. (2)

Con estas reflexiones cerramos, en fin, nuestra miniserie de cuatro capítulos sobre la importancia del buen padre para el sano desarrollo y educación de las personas. Nos ha parecido de justicia hacerlo, ya que nunca habíamos abordado este tema en el blog. Ojalá hayan resultado interesantes para la mayoría de nuestros lectores/as.

Artículos relacionados:
La importancia del buen padre (1): el policía
La importancia del buen padre (2): el sabio
La importancia del buen padre (3): el cómplice

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1. Los procesos que siguen son sólo esquemáticos y orientativos. Según cada caso, pueden haber diferentes variantes o excepciones.

2. Lo que no excluye otros factores (biográficos, culturales, políticos) que también pueden favorecer la homosexualidad.

Comentarios

  1. Excelente como siempre, Olga y José Luis. Gracias por esta miniserie sobre la presencia del padre en la vida de sus hij@s. Comparto con gusto en mis plataformas.

    Abrazos a ambos

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