La importancia del buen padre (2): el sabio

La figura del padre, tan subestimada hoy, no sólo es importante por su crucial rol de "policía" delegado por la madre (como vimos en el capítulo anterior), sino también por otra función que deriva de ello: la de orientador. Y esto es así precisamente porque conoce y aplica las reglas domésticas, y también las sociales. Se convierte por ello en un buen "guía" o "instructor" de lo que conviene hacer o no hacer en cada caso, cómo gestionar los asuntos, cómo vivir más razonablemente, etc. Se convierte, en otras palabras, en el maestro o "sabio" de la casa (1).

"¡Cómo! -dirán las mujeres feministas-, ¿es que la madre no puede ser también maestra y sabia?" Naturalmente que sí. Pero, a diferencia de un profesor o psicólogo, que es eficaz precisamente porque no está demasiado involucrado emocionalmente -y menos aún fusionado- con su pupilo, la madre, que sí lo está, no puede ser por ello lo bastante objetiva o neutral para orientar normativamente a sus hijos (aunque sí pueda serlo con otras personas). Digamos que sufre un "conflicto de intereses". Como exterapeuta sé muy bien que es indispensable una cierta distancia emocional para guiar/educar a las personas. Por eso el padre puede asumir más fácilmente este rol.

La psicología masculina, por otro lado, suele estar más orientada hacia el mundo exterior y sus condicionantes de todo tipo (filosóficos, morales, sociales, tecnológicos, económicos, laborales, políticos, etc.) que la femenina, en general más inclinada a los asuntos cercanos, emocionales, familiares, domésticos, etc. (2). Esto facilita en el padre una mayor perspectiva del mundo, que puede mostrar e inculcar a sus hijos para así enriquecerlos interiormente.

Todos conocemos a hombres y mujeres que, en asuntos importantes, recuerdan con cariño: "mi padre siempre decía que..., mi padre me enseñó que..., lo que aprendí de mi padre..., fue un hombre admirable...", etc. De mamá, en cambio, aunque recibimos influencias mucho más profundas, inconscientes y determinantes, aprendemos menos cosas del mundo y más de carácter afectivo, práctico, cotidiano: "mamá era muy cariñosa... mamá cocinaba muy bien... mamá me enseñó a ser ordenada... mamá era la jefa de la casa...". La influencia complementaria del padre es tan importante para los chicos, para quienes es el principal modelo de identificación masculina, como para las chicas, para las que es el primer referente del amor heterosexual (3).

En suma, gracias paradójicamente a la menor importancia psicodinámica del padre y su mayor distancia emocional hacia los hijos, es por lo que puede ser un buen educador. Una mejor guía para las cosas de la vida.

¿Y qué sucede si una familia no tiene padre, es decir, ni policía ni sabio? Lo vemos a diario. Muchísimos jóvenes de ambos sexos crecen desdichadamente narcisistas, desorientados, inadaptados, sin brújulas filosóficas ni éticas de ningún tipo. Y así se convierten en presa fácil de toda clase de conflictos y manipulaciones: líderes y grupos marginales, adoctrinamientos políticos, sectas, explotadores, dilemas profesionales, fracasos existenciales...

Por eso, cada vez que escucho a determinadas personas predicar el odio y la "cancelación" del colectivo masculino (¡nada menos que la mitad de la Humanidad!), no sé si reír o llorar frente a tanta ignorancia y maldad humanas.

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1. Nos referimos en este artículo, obviamente, a los hombres psicológicamente sanos y amorosos. No a los abandonadores, violentos, trastornados, etc.

2. Pese a lo que afirmen los actuales dogmas políticos, obsesionados con alejar a las mujeres de la familia y fomentarles una muy agresiva imitación, rivalidad, odio, etc. hacia los hombres.

3. De ambas cosas hablaremos en otro capítulo.

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