La importancia del buen padre (1): el policía
En este blog enfatizamos continuamente el papel esencial de la madre en la génesis de la personalidad sana o, al revés, de los trastornos neuróticos. Pero ha llegado el momento de hablar con detalle del padre. Una figura que, pese a ser psicodinámicamente secundaria (salvo excepciones), sí es muy importante en el aspecto educativo y en otras facetas -que iremos analizando a lo largo de varios capítulos- indispensables para el desarrollo final de los niños/as.
El padre ha representado siempre, como todos sabemos, la autoridad. Es decir, es el responsable principal de los límites y reglas que deben regir en una familia más o menos armoniosa, y que facilitarán después una buena integración social. Esta autoridad debe ser ejercida, obviamente, con el máximo respeto y amor a los hijos, lo que implica una buena salud mental del padre, igual que la buena madre. Sin dicha salud mental, se desatarán los destructivos problemas familiares que lamentablemente observamos a diario.
¿Por qué el padre representa y debe ejercer la autoridad en la familia? ¿Es que no puede ejercerla también la madre, y más en esta época de emancipación, empoderamiento, etc. de las mujeres? En términos psicodinámicos, la razón es muy sencilla. Y es que no podemos ser "juez y parte" en la crianza de los niños. Ni, a decir verdad, en ningún otro campo.
La madre representa, en el mejor de los casos, la buena maternidad, el amor incondicional, la alimentación, cuidados, protección, cariño, consuelo, etc. que la mujer ofrece a sus hijos desde que nacen y durante largos años. Esto crea el fortísimo y arraigado vínculo madre-hijo/a, el cordón umbilical psíquico por el que la buena madre transmite a sus hijos todo aquello indispensable que estos necesitan para madurar sana y felizmente: confianza, capacidad de apego, serenidad interior, autoestima, autonomía, etc. Es decir, unos buenos cimientos de la personalidad.
Pero ¿qué pasa si la madre asume en exclusiva, como es el caso de las mujeres solteras, divorciadas, viudas, etc., la autoridad familiar? La autoridad implica imponer límites, mandatos, coacciones, sanciones (castigos), etc. a los niños, lo que emocional y psicodinámicamente resulta incompatible con el maternal amor incondicional. Esto hiere y confunde a los niños, les supone una especie de "traición" materna, porque "¿cómo es posible que mamá, que desde bebé siempre me ha querido y protegido de todo, ahora también me frustra, me ordena, se enfada, me grita y me castiga?". Esta fuerte contradicción les creará procesos conscientes e inconscientes de decepción, inseguridad, desconfianza, miedo, ira, rebeldía, etc., que pueden ir minando a largo plazo la relación madre-hijo/a.
Y es aquí donde surge la importancia del padre. La mujer, para resolver la contradicción intrínseca de ser mamá y a la vez "policía", delega este rol fundamental en otra persona, en este caso el padre. Recordemos la típica amenaza: "¡se lo diré a tu padre cuando llegue!". Así el amor materno puede mantenerse puro e intacto, protector, etc., y los hijos pueden desviar sus enfados, etc., contra papá, el aceptado "policía" (al que suponemos bueno y justo) de la casa. Esta clara división de roles es la que salva el orden y las relaciones de toda la familia.
Otra cosa es, naturalmente, cuando todo esto falla por el desamor, las neurosis parentales o la intromisión de la religión o la política. Por ejemplo, cuando el padre es autoritario, violento o abusador y convierte la familia en una cárcel regida por el Cuarto Mandamiento (la moral del silencio). O, al revés, cuando la "modernidad" destruye el orden, los valores familiares, y desprestigia, invisibiliza y/o "expulsa" al padre de la sociedad. ¿Qué sucede entonces? En el primer caso, resultarán millones de personas reprimidas, neuróticas y resentidas. Y en el segundo surgirán gentes sobreprotegidas por sus madres, abuelos, etc., pero carentes de límites y de sentido normativo, es decir, infantiles, narcisistas, intolerantes a cualquier frustración, compulsivamente rebeldes e incluso psicopáticas y antisociales. Ambos extremos igualmente destructivos para las personas y el mundo.
Seguiremos analizando la importancia del padre en otros capítulos.
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