¿Autosugestión? No, gracias.

Antiguamente, frente a cualquier reto o incertidumbre mucha gente rezaba (o al menos se santiguaba) para pedir ayuda y protección. Hoy los sucedáneos de "autosuperación" nos aconsejan ser optimistas, pensar en positivo, decirnos "yo puedo" lograrlo, triunfaré si me esfuerzo "lo suficiente", etc. Parecemos huérfanos que, sin ayuda real de nadie, sólo nos queda hipnotizarnos con palabras y actitudes supuestamente salvadoras.

Esto lo vemos muy bien en los deportes. Frente a cualquier gran competición, los deportistas y sus seguidores suelen repetir mantras autoestimulantes del tipo "vamos a ganar, estamos muy preparados, estamos motivadísimos, somos los mejores..."  y demás fórmulas tranquilizantes y elevadoras de la moral. El problema es que los rivales cultivan exactamente los mismos rituales; y que en toda competición, igual que en todo aspecto de la vida, intervienen además y pese a nuestros mejores deseos, muchos otros factores. Por ejemplo:

  1. nuestra salud
  2. nuestra personalidad
  3. nuestra neurosis
  4. nuestros talentos naturales
  5. nuestras motivaciones conscientes e inconscientes
  6. nuestra experiencia acumulada, entrenamientos, etc.
  7. nuestros apoyos personales y sociales
  8. las circunstancias (favorables o desfavorables) del momento
  9. el azar (imprevistos, accidentes...)
  10. etc.

Todo ello determina nuestras vidas tanto como nuestras creencias y esfuerzos. Por eso, pese a nuestros escapistas trucos de autosugestión y superación, a cada persona le va como le va en la vida. A unos mejor y a otros peor. Unos "triunfan" y otros "fracasan". Unos son felices y otros no. Algunos enferman y otros mueren. Etcétera. ¡Ni siquiera la vida de los hermanos de una misma familia se parece! El futuro siempre es incierto.

Por todo esto prefiero a las personas -terapeutas, sabios, artistas, gente común- que, frente a las adversidades de la existencia, en vez de autoengaños y fantasías sienten con serena humildad: "Haré todo lo que pueda y que sea lo que tenga que ser". Esto es la madura aceptación de la realidad. Esto es, en mi opinión, sabiduría.

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