No es tu cerebro: es tu infancia

En este mundo nuestro (supertecnológico, hiperpolitizado y megaconsumista) se nos dice que los problemas psicoconductuales de las personas, es decir, aquellos sufrimientos que requieren terapias y/o fármacos, son casi siempre causados por el cerebro. Es decir, por la biología, las neuronas, los genes, etc. Esta es la explicación más cómoda y fácil para todos, porque así ni los que sufren, ni la sociedad en general, tienen que responsabilizarse de nada. "Es una enfermedad, la culpa es de mi cerebro, alguien me recetará la pastilla adecuada y me curaré". Es la fantasía más común. Y la sociedad vive, lamentablemente, de fantasías.

Pero, por suerte o por desgracia, la realidad es muy distinta. En cuanto realizas algunas preguntas certeras a los que sufren en grado "patológico", es decir, excesivo, descubres que sus problemas (ansiedades, depresiones, adicciones, tocs, trastornos diversos) no tienen nada que ver con su cuerpo... sino con su biografía. Con el tipo de vida que lleva y ha llevado desde su infancia. Con sus experiencias más o menos traumáticas. Con su grado de maduración emocional y el tipo de personalidad que ha desarrollado. Con los apoyos reales de los que dispone o ha dispuesto en su vida. Etcétera. Y depende, por encima de todo, de lo troquelado en su mente y en su corazón por su familia. Por sus padres. Y muy especialmente por su madre.

Por ejemplo, si tu madre no se ocupó de ti, no te consoló cuando más la necesitabas, no te cuidó con cariño, sentirás toda tu vida un vacío interior, un hambre insaciable de afecto, una búsqueda de amor o sus sucedáneos. Si tu madre no te valoró, no te defendió de tus agresores, no se sintió orgullosa de ti, tu autoestima será escasa el resto de tu vida. Si tu madre te pegó, te culpó, te dominó abusivamente de mil maneras durante años, nunca podrás confiar en la vida ni en las personas. Si te agobió hasta lo insoportable, te impidió expresarte, te trató como a un objeto de su propiedad, sufrirás mil ansiedades y resultarás emocionalmente débil y dependiente. Etcétera. Y todas estas malas vivencias y sus secuelas -vacíos, miedos, ansiedades, obsesiones, depresiones- serán los "demonios" que determinarán, hasta que no afrontes con coraje sus orígenes, tu destino.

Paralelamente, si tu padre fue autoritario, violento o abusivo contigo, quedarás marcado/a por el miedo, la culpa y el odio y todas sus consecuencias. Si fue débil, negligente o ausente, tendrás problemas con el deber y los límites, y seguramente te costará hallar un sentido a tu vida. Si tu padre reñía con tu madre o la engañaba, etc., no te será fácil creer en el amor o mantener relaciones de pareja satisfactorias. Si no fue bueno y honesto, es posible que tú tampoco puedas serlo del todo. Si no te protegió de tu madre, sólo agravará tus secuelas. Etcétera. Y todo ello, sumándose a tus demonios maternos, también marcará con sus gritos o susurros tu destino.

Y todo esto sólo es un breve boceto de tu interior. Falta añadir la gran influencia de tus hermanos, abuelos, otros parientes, escuela, amistades, universidad, parejas, enfermedades, accidentes, trabajos, etc., todo lo cual ha ido generando tus aprendizajes y modos de sentir, tus hábitos y actitudes, determinando ciertos errores que generalmente has repetido una y otra vez, etc. Así vamos construyendo nuestra personalidad sin apenas darnos cuenta, automáticamente, inconscientemente. Siempre queriendo minimizar, quitar importancia a las cosas que nos dañan, "olvidarlas", mirar hacia otro lado con "optimismo"... Como si el pasado pudiese desaparecer con solo cerrar los ojos. Cuando, desgraciadamente, el pasado lo llevamos dentro y sólo se aligera cuando lo afrontamos y aceptamos con valentía.

Así que, con todo esto, ¿dónde queda el "cerebro"? ¿Qué papel real juegan los genes, las neuronas, todas esas cosas que sólo vemos con microscopios? ¿Por qué nos preocupa tanto "lo invisible" en medio del doloroso estruendo de nuestros demonios, que son del tamaño de elefantes?

Parecería incluso gracioso, si no fuese por los estragos que semejantes negaciones y escapismos generan en tantísimas personas.

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