No hay enfermos, sólo víctimas

Si alguien te rompe una pierna y por ello sufres una cojera el resto de tu vida, nadie llamará a tu cojera "trastorno" y mucho menos "enfermedad", sino sencillamente secuela. La secuela de un traumatismo, de una agresión. Y tú no eres en absoluto un "trastornado", sino una victima.

¿Por qué, entonces, si alguien te rompe el corazón (generalmente en la infancia) y sufres por ello secuelas, sufrimientos crónicos (miedos, ansiedades, depresiones, adicciones, tocs, problemas de personalidad...), la sociedad y sus expertos te consideran trastornado o enfermo, ya sea por causas genéticas, neuroquímicas o cognitivo-conductuales, pero nunca víctima?

Personalmente, tengo muy claro que la mayoría de problemas emocionales, psicoconductuales, mentales, eso que solemos llamar en este blog, en términos psicodinámicos, las "neurosis", son secuelas traumáticas de vidas dolorosas. Y que no hay, por tanto, enfermos, sino damnificados (1).

Si, por ejemplo, un niño/a sufre a una madre gravemente depresiva e incluso con ideación suicida, etc., es casi seguro que el hijo/a también resultará deprimido, ya sea de forma explícita o mediante sufrimientos derivados (p. ej., vacío interior, adicciones, vida autodestructiva...). Pero no por "herencia genética", etc., como suele afirmarse, sino simplemente porque, dado el problema de la madre, el hijo/a no recibirá el amor, seguridad, cuidados, etc. indispensables para nutrir su energía y su maduración psicoemocional, por lo que resultará tan vacío y desvitalizado como la madre. Así el sufrimiento materno -y parental en general- se transmite de padres a hijos y de generación en generación.

¿Por qué asuntos tan básicos, tan obvios como estos suelen "ignorarse" o, más bien, negarse en el mundo, desde la mayoría de las propias víctimas hasta la mayoría de los profesionales de la salud mental? En mi opinión, la respuesta es sencilla: por MIEDO. Y por INTERÉS.

Por miedo de la sociedad a los sentimientos de la gente, al dolor emocional (que suele ser peor que el físico), a nuestras secretas pero crudas verdades familiares. Por ejemplo, ¿cuántas personas se atreverán a aceptar abiertamente que su personalidad insegura, depresiva o ansiosa es una secuela directa de sus sentimientos ocultos y de su desdicha frente a unos padres incapaces, sin amor, etc.? (2) Y también por interés, derivado de esos miedos, que empuja a la sociedad a idealizar la Familia y preservar a toda costa el mito del Amor Parental, la Inocencia de la Madre, el Cuarto Mandamiento, etcétera.

Por eso, tal como desgraciadamente el feminismo extremo afirma que "todas las mujeres son buenas", etc., la Psicología repite que ninguna madre es capaz de causar daños a sus hijos y, mucho menos, de crear "víctimas". Por ello los sufrimientos psíquicos de éstas sólo quieren entenderse como enfermedades o trastornos indeseables por culpa de supuestos factores biológicos, malos pensamientos/aprendizajes, etc., tal como antiguamente se achacaban a posesiones diabólicas o castigos de Dios. Y por eso, como repetimos sin cesar en este blog, todos estos engaños y negaciones de los sentimientos humanos y de los dramas infanto-familiares en general, que impiden el afrontamiento realista y la prevención/sanación de las neurosis, sólo contribuyen a agravar y perpetuar el dolor en el mundo.

Como lamentablemente podemos observar cada día.

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1. El término "damnificado" o "víctima" psicológica no justifica, sin embargo, las acciones abusivas o manipuladoras, tan de moda hoy, por parte de algunas víctimas. Por ejemplo, el victimismo, la politización, la difamación, las agresiones u otros actos públicos (libros, declaraciones) o ilegales contra los victimarios. En general, los conflictos íntimos familiares deberían afrontarse en privado y, mejor aún, en psicoterapias. Salvo, naturalmente, cuando hay hechos claramente delictivos por medio.

2. Algunos personajes más o menos famosos (artistas, figuras de internet o televisión, etc.) hablan o escriben de sus dolorosas experiencias (abusos sexuales, adicciones, trastornos psicológicos diversos) con fines de "visibilización", superación personal, etc. Pero, muy significativamente, casi nunca mencionan a sus madres. Simplemente las omiten, idealizan o exculpan, pese a formar parte inseparable de los sufrimientos que describen.

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