La negación de la realidad
Si algo nos enseña la vida, la experiencia, los años (si somos conscientes), es que casi todo lo que nos rodea es un engaño. Casi todo lo que vemos, nos dicen e incluso pensamos y decimos nosotros mismos, es mentira (1). Por no hablar de lo que nos cuentan los políticos, autoridades, religiones, periodistas, historiadores, filósofos, incluso científicos, etc. Todo son versiones parciales o manipuladas, exageradas, idealizadas, censuradas o directamente inventadas de la realidad Casi todo es falso (2). Y es muy duro, admitámoslo, ir descubriéndolo.
Pero ¿por qué esto es así? ¿Por qué la vida, la gente, el mundo es una farsa, un teatro de máscaras? La respuesta es sencilla si nos lo preguntamos a nosotros mismos: ¿por qué mentimos? En mi opinión, por tres motivos principales:
1) Por interés. Es decir, para lograr cosas, para manipular, para saltarnos obstáculos, etc., ya sea por necesidad o por abuso narcisista.
2) Por miedo. O sea, para protegernos, defendernos, escapar de algo (p. ej., del dolor, el desamor, la responsabilidad, la culpa...), etc.
3) Como lubricante social. Porque no podemos ir por ahí soltando, sin ningún miramiento, verdades que la gente no puede soportar, o revelando sin necesidad detalles de nuestra vida privada, nuestras intimidades, etc. (3).
Las formas de mentir son casi infinitas. Mienten, por ejemplo, los neuróticos, los narcisistas, los delincuentes, los optimistas, los hipócritas, los idealistas, los ideólogos, los espirituales, etc. Pero el problema de todos ellos -y de nosotros- es que, al mentir, lo que realmente hacemos es NEGAR LA REALIDAD. Y esto es, sin duda, peligrosísimo porque, al hacerlo, nos refugiamos en realidades inventadas surgidas de nuestras fantasías, nuestros traumas íntimos, etc. Es decir, deliramos. Y todo delirio, aunque balsámico temporalmente, sólo empeora nuestras vidas.
Por ejemplo, si sufrimos una herida grave pero, por miedo al dolor, la sangre, los médicos, etc., no nos atrevemos a examinarla y pedir ayuda urgente, etc., sino que preferimos "delirar" diciéndonos que "no es para tanto, puedo soportarlo, ya me la curaré después", etc., ¿cómo evitaremos el gran riesgo de desangrado, infección o incluso posibles complicaciones mortales?
Es verdad que cierto grado de mentira es inevitable e incluso indispensable para vivir. Si todos fuéramos con la pura verdad por delante el mundo saltaría por los aires en 5 segundos. Pero el abuso del engaño, la sistemática negación y sustitución de la realidad por fantasías sedantes y autocomplacientes nunca fue la mejor opción. Porque hacerlo nos vuelve ciegos, desconectados de la realidad, torpes, ignorantes, incompetentes. Pese a lo cual estos delirios, y las instituciones basadas en ellos, son extraordinariamente rentables para muchos -dan mucho dinero y poder-, porque atraen a millones de personas frágiles deseosas de soñar, de ser engañadas, adictas a toda clase de drogas y paños calientes (4). Lo que, desgraciadamente, lo único que consigue es estropear aún más las cosas.
Por eso mi propio sueño sería que algún día, tanto a nivel individual como social, pudiéramos ser más realistas en general. Menos mentirosos y "delirantes". Aunque para ello necesitaríamos ser -recordemos los motores de la mentira: interés, miedo y lubricante- más fuertes y honestos. Y esto, lamentablemente, creo que sólo sería posible con mucho más amor y madurez psíquica en el mundo.
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1. Por ejemplo, sobre nuestra infancia, familia, personalidad, relaciones, etc. Recordemos que, dado el poder de nuestro inconsciente y sus defensas, no es nada fácil conocernos realmente.
2. Ya nos lo advirtieron los sabios, aunque en sentidos aún más profundos: "la vida es sueño, ilusión, maya...".
3. A veces también mentimos por amor o compasión (mentiras "piadosas"), o porque verdades insignificantes causarían innecesariamente grandes problemas, etc.
4. "Las masas nunca han sentido sed por la verdad. Se alejan de los hechos que no les gusta y adoran los errores que las enamoran. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño, quien intente desengañarlas será siempre su victima" (Gustave Le Bon, sociólogo francés, 1841-1931).
Hola. El otro día leí un proverbio -africano- que comenzaba diciendo "decir la verdad es un acto de valor" y continuaba elogiando la verdad y sus consecuencias, positivas, para quien la dice (creo que, a la larga, son positivas para todos). Terminaba con "la verdad no siempre brilla, pero ilumina el camino correcto". Me pareció algo tan simple, directo y precioso, que llevo dándole vueltas desde entonces. Qué alegría haberos reencontrado a ti y a José Luis. Un abrazo afectuoso.
ResponderEliminarCiertísimo y precioso este proverbio africano que nos comentas. "La verdad no siempre brilla, pero ilumina el camino correcto" podría ser el lema de este blog y de todas nuestras terapias, porque, seguro que estás de acuerdo, sin VERDAD no hay ninguna posibilidad de mejorar nada... ¡Muchas gracias por tu comentario! Besos de los dos.
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