El Gran Cambalache
Sigmund Freud señaló con sumo acierto, creo yo, las tres capas que conforman el psiquismo humano: el yo, el ello y el superyó.
El primero es nuestro "centro" operativo, nuestra consciencia, nuestro sentido de la realidad. El segundo es el conjunto de factores psicobiológicos que operan al margen del yo. Y el tercero -el superyó- es la suma de valores y reglas socioculturales que orientan al yo para "controlar" en lo posible al ello y adaptarnos mejor a la vida.
Pues bien, parece claro que desde el siglo pasado, debido a toda clase de fuerzas ideológicas, políticas y económicas, nuestro superyó está siendo destruido. Es decir, nuestro sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, lo verdadero y lo falso, incluso lo real y lo delirante; y sus consiguientes normativas éticas y sociales. ¿Con qué resultado? Como todos sabemos, el de sociedades más o menos caóticas integradas por millones de individuos confundidos, egoístas, miedosos y llenos de odio, donde casi nada funciona, todos quieren mandar y lo principal es, por tanto, evadirnos con toda clase de drogas y distracciones. Un auténtico cambalache, como describe magistralmente el famoso -y terrible- tango de 1934 de Santos Discépolo (aquí una versión de Carlos Gardel). Dice así:
El mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el 506 y en el 2000 también
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafá'os
Contentos y amarga'os, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá'
Insolente, ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolca'os en un merengue
Y, en el mismo lodo, todos manosea'os
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor
No hay aplaza'os ni escalafón
Los inmorales nos han iguala'o
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea' cura, colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón
Qué falta de respeto, qué atropello a la razón
Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón
Mezcla'o con Stavisky van Don Bosco y La Mignon
Don Chicho y Napoleón, Ferner y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches
Se ha mezcla'o la vida
Y, herida por un sable sin remache, ves
Llorar la Biblia contra un bandoneón
Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora, no mama, y el que no roba es un gil
Dale nomás, dale que va
Que allá en el horno nos vamo' a encontrar
No pienses más, sentate a un la'o
Que a nadie importa si naciste honra'o
Es lo mismo el que trabaja
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata, que el que cura
O está fuera de la ley
Y es que el superyó, es decir, los principios y reglas de comportamiento, forman parte del psiquismo y de la vida humana, lo mismo que también, por ejemplo, de los juegos, los deportes, las artes, los idiomas, la pedagogía, el orden social y político, el método científico, la deontología del buen médico o psicólogo, los protocolos de despegue de un avión... o incluso el código de circulación, con sus señales y semáforos que previenen accidentes y atascos. ¿Cómo funcionaría nada en este mundo si no dispusiéramos de reglamentos claros y sencillos que nos orientasen con las mejores pautas a seguir en los diversos ámbitos y circunstancias, y sobre los límites que es mejor no sobrepasar? Las reglas y valores son, por ello, indispensables para la supervivencia.
Estas normas y principios no son negociables. En cualquier grupo, como en cualquier juego o deporte, las reglas pueden ser cambiadas o mejoradas pero, una vez establecidas, siempre son obligatorias. Cualquier individuo es, por tanto, responsable de respetarlas o no, pero si no lo hace será debidamente sancionado o expulsado del grupo. Como sabe cualquier niño, "las reglas son las reglas". Y no valen trampas, trucos ni desobediencias.
Las personas sin superyó, es decir, "alérgicas" a los valores y normas, rebeldes compulsivas, antisociales, caóticas, supernarcisistas, etc., ya sea por motivos neuróticos, psicóticos, ideológicos o políticos (o sus diversas combinaciones), suelen usar muchos eufemismos para justificarse y "normalizar" sus conductas. Dicen, por ejemplo, que todo es "relativo, subjetivo, «líquido», autopercibido, cambiante, irrelevante, dialogable, negociable", etc. Pero no. En realidad, casi nada hay más absoluto, objetivo, sólido, universal, etc. que nuestros imprescindibles valores y reglas posibilitadores de vida y ordenamiento social. Sin ellos, como demuestra la Historia y el presente, cada vez que los destruimos desatamos inmediatamente los demonios del caos, la barbarie y la ruina generalizadas.
Por eso opino que deberíamos reividicar, recuperar, cultivar, defender, enorgullecemos de nuestro superyó y sus valores y normativas. Me refiero a esos principios filosóficos y morales clásicos, de "toda la vida", de origen judeocristiano y grecorromano (recordémoslos: Bien, Verdad, Belleza, Amor, Justicia, Honor, Libertad, etc.) que durante más de dos mil años han constituido los cimientos de nuestra civilización (1). Si no lo hacemos así, nuestro futuro seguirá siendo un Gran Cambalache -como el del tango-, pero cada vez más atroz.
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1. Este mismo blog surge y se sostiene sobre tales valores, sin los cuales sería imposible.
Totalmente de acuerdo. Pero yo creo que esta destrucción de los valores comenzó con la revolución francesa, y empeoró con las guerras civiles comunistas, mal llamadas revoluciones, del siglo XX. Luego los comunismos se disfrazaron de "demócratas" socialismos, progresismos y demás y así estamos. Sólo ellos, que viven del odio y sólo buscan el poder absoluto, necesitan destruir todo lo que tocan, ya sea con violencia o de las maneras más sutiles y malignas que pueden. Lo que, sumado a la corrupción del Dinero, nos está destruyendo al máximo. Es un estado de guerra oculta permanente. Gracias por permitirme este desfogue, y les felicito por su blog, que sigo hace tiempo. Un saludo.
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