Cómo fabricar monstru@s narcisistas
La "monstruosidad" del ser humano reside, como sabemos, en su ego desmedido. En su narcisismo. En su ilimitada capacidad de dominar, explotar y destruir todo cuanto toca. Ahora bien, ese ego monstruoso, ese narcisismo -del que nadie se libra- no cae del cielo. No emerge del infierno. Viene, como reiteramos en este blog, de la infancia. De ese casi olvidado taller donde, en general, somos minuciosamente mal amados, mal construidos... y, en consecuencia, averiados para siempre. Dicha "avería" es precisamente -entre otras- nuestro monstruoso narcisismo.
Pongamos algunos ejemplos. Si queremos obtener millones de mujeres aberrantes existen diversos procedimientos familiares más o menos obvios. Entre ellos:
- llamarlas "princesas" -y tratarlas como a tales- desde que nacen, exaltar su belleza, satisfacer sus caprichos, facilitar su escalada social, etc., pero siempre no con cariño y amor, sino desde los propios intereses egoístas, o incluso patológicos, de los padres
- a la inversa, desamarlas y maltratarlas de cualquier forma física o emocional posible
- no limitar el alcance de su voluntad, sus deseos, sus emociones, etc., sometiéndose siempre los padres a ellas
- "empoderarlas" en su juventud, es decir, justificar y potenciar su vanidad, aplaudir sus abusos, normalizar su egocentrismo...
- etc.
De este modo, estas mujeres crecerán en sus propias burbujas individuales, carecerán de empatía, no sabrán amar a sus hijos -a los que tratarán tan mal como ellas fueron tratadas- ni mucho menos a los hombres, estarán llenas de rencores, odios y síntomas neuróticos y, en suma, no podrán controlar, o ni siquiera percibir, su destructiva "monstruosidad".
¿Y cómo podemos "fabricar" millones de hombres igualmente horribles? Pues de las mismas maneras, junto con otras que podemos añadir (también aplicables a las mujeres):
- criarlos en ausencia de reglas, límites y sanciones claras y justas
- criarlos en familias sin afectos y en conflictividad permanente
- generar apegos extremos a sólo un progenitor (preferiblemente la madre)
- rotura familiar, expulsión del padre, divorcios conflictivos...
- etc.
Así los hombres, desvinculados desde niños de entornos dañinos o vacíos, aprenderán también a ser egoístas, duros, incluso psicopatoides, interesados principalmente en sus propios intereses y ambiciones, incapaces de amar a sus mujeres y sus hijos, propensos a las adicciones, el alcohol, la violencia, la explotación en todas sus formas e incluso, en los casos extremos, las guerras y genocidios (con excusas religiosas o políticas). Una monstruosidad que tampoco reconocerán.
Después la gente, creyéndose muy buena, se acusará mutuamente -sobre todo entre hombres y mujeres- de ser "narcisistas" (como si alguien no lo fuese)... lo que constituirá precisa y paradójicamente el colmo del narcisismo.
Y es que la gran tragedia del ser humano es que el hiperego, nuestra monstruosidad narcisista, es una autodefensa natural del alma rota de los niños/as. Se trata, en mi opinión, de una autoafirmación extrema, una trinchera, un muro casi invulnerable frente a las infancias igualmente montruosas que sufren, marcan y desalman a millones de hombres y mujeres en el mundo.
Nunca lo había visto así! Entonces con el nivel de narcisismo que hay las infancias de muchos debe ser espantosa. Buen artículo. Este blog es muy SABIO.
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar (y por tu elogio). 🙂 Sí, temo que el gran secreto de la mayoría es la desdichada infancia que sufrieron. ¡Hay tantas pruebas de ello!
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