¿Por qué el abuso sexual infantil?

El abuso sexual infantil es una lacra que debe ser combatida, y sus victimas debidamente ayudadas. Pero existe, en mi opinión, una tendencia a simplificar el problema que no nos ayuda a comprenderlo y, menos aún, a prevenirlo.

Entendemos por abuso sexual infantil cualquier acción de índole sexual de un adulto, mediante el poder, la intimidación o la violencia, contra un menor de edad que no lo consiente. De este modo, parece que toda la responsabilidad del hecho -y del daño ocasionado-  recae exclusivamente en el perpetrador. Pero las cosas no son, a mi entender, tan sencillas, por tres razones que todos sabemos aunque rara vez se mencionan:

1. Algunos supuestos abusos no lo son en realidad, pues no implican poder, intimidación o violencia. Por ejemplo, las acciones sexuales consentidas nacidas de vínculos afectivos reales, seducción (mutua o no), juegos, etc.

2. Las consecuencias de cualquier experiencia traumática, sexual o no, dependen en gran medida de las reacciones del entorno psicoafectivo de la víctima, principalmente la familia. Por ejemplo, en el caso del abuso sexual infantil, si la familia no quiere creer el relato de la víctima, o lo niega, la culpa, la ignora, protege al perpetrador, etc., el trauma resultante será terrible. Pero si la familia la escucha, la cree y la protege inmediatamente, la víctima se sentirá querida y segura y sus secuelas, si las hay, serán mínimas.

3. Muchos menores (¿quizá la mayoría?) son accesibles a sus victimarios, ya sea de forma ocasional o reiterada, porque:

• No son suficientemente amados, supervisados y protegidos por la familia, particularmente la madre  (1).
• Muchas víctimas lo son -y lo aceptan- porque buscan en algunos extraños las migajas de afecto que no encuentran en su entorno. (2)
• Cualquier niño/a que no denuncia de inmediato a sus padres cualquier anomalía de este -u otros- tipos es porque, obviamente, carece de confianza para ello. Lo que evidencia, sin más, problemas familiares.
• En muchas familias existe desgraciadamente un largo historial de abusos sexuales, o de relaciones sexuales de adultos con menores (incluso con base sociocultural), que aumentan su tolerancia a estos hechos y reducen la custodia de los niños.

Por todo esto creo, en suma, que la causa final no ya de las secuelas, sino del propio abuso sexual infantil, reside muchas veces, nos guste o no, en las negligencias familiares, es decir, en el abandono que sufren muchos niños, ya sea de forma consciente o inconsciente. Dicho de otro modo, este problema, sobre todo el reiterado, no sólo es la conducta delictiva de un perpetrador, sino también, o incluso más, el resultado -entre otros- del fracaso familiar. Si no lo entendemos así, difícilmente podremos jamás prevenirlo. (3)

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1. Cuando se descubre un abuso, muchas mujeres se engañan a sí mismas, o a los demás, afirmando que "no sabían nada" de ello. Pero, como dice la experta en crianza Laura Gutman, en general "nada se mueve en la familia sin el conocimiento y permiso de la madre". (Véase, p. ej., la excelente aunque hipócrita película Celebración (Thomas Vinterberg, 1998), donde la madre conoce todos los excesos del padre... pero sólo éste es condenado por sus hijos abusados).

2. Cuando falla el sistema inmunitario, actúan los microbios. Un niño bien amado y cuidado sólo podrá ser abusado, como mucho, una vez.

3. Es una ingenuidad pretender que sólo con leyes y castigos pueda solucionarse este problema (o cualquier otro). Ahí está, por ejemplo, el continuo aumento de la violencia social, etc. Las cosas no mejoran con parches más o menos ignorantes, sino sólo cuando afrontamos y sanamos, con valentía y responsabilidad, sus raíces.

Comentarios

  1. Cuando entendamos que el niño no debe ser controlado, ni castigado, ni limitado, ni sobreprotegido, etc. El niño necesita compañía, defensa y admiración.

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