Un mundo sin escucha

Como bien sabemos, hoy en día casi nadie escucha a nadie. La mayoría de personas hablan, hacen, piensan, sienten... pero no escuchan a los demás. Ni siquiera les importa demasiado (o nada) lo que otros tengan que decir. Así que mucha gente parece que se "relaciona" con otras personas, pero en realidad sólo está encerrada en su propia burbuja. Lo que comienza, como casi todo, en la infancia.

La mayoría de madres y padres que conocí en consulta como terapeuta, y en mi vida personal, no sabían escuchar a sus hijos. Podían cuidarlos más o menos bien, alimentarlos, vestirlos, convivir con ellos, etc., pero de algún modo nunca estaban realmente presentes con los cinco sentidos. Muchos niños se quejan, incluso por las calles o el supermercado: "¡Mamá/papá, escúchame! ¡Es que nunca me escuchas!", etc. Porque la madre o el padre, ya sea por necesidad, estrés, agotamiento o incluso, a veces, por simple indiferencia, siempre tienen cosas más "importantes" que hacer: ir al trabajo, realizar mil tareas, distraerse con el móvil, charlar con una amiga o vecina, o ver una serie en el sofá. Casi nunca renuncian a lo suyo para estar 100% conectados y atentos con sus hijos, por ejemplo, charlando, jugando, participando en su mundo y sus necesidades, o sencillamente abiertos, receptivos, disponibles. Por eso muchísimos niños crecen esencialmente solos, incomunicados y, a la larga, infelices y neuróticos. Como todos hemos oído muchas veces: "Mis padres nunca me escuchaban. No me tomaban en serio. No jugaban conmigo. No hablábamos de nada. No me preguntaban. Sólo me ordenaban o reñían. Siempre estaban ausentes o enfadados...". Etcétera.

Como no puede ser de otra manera, todo esto se traslada luego a la sociedad. Por ejemplo, muchas parejas hablan, discuten, ríen, mantienen relaciones sexuales, etc., ¿pero realmente se escuchan? ¿Permanecen abiertas, receptivas, con ganas de entender y aprender algo de la otra persona? Y lo mismo ocurre en muchas relaciones de compañerismo, amistades, grupos de trabajo y cualquier colectivo. Por no hablar de las redes sociales o la política. La mayoría de gente llama "compartir" a lo que sólo es hablar de lo suyo, exhibir lo suyo, incluso discutir e imponer lo suyo, etc., como si todo lo demás no importase. Y los políticos, ¿a quién escuchan de verdad? Sin mencionar a esas personas que, simplemente, no pueden dejar de hablar y hablar y hablar de sí mismas... ¿quizá, entre otras cosas, porque nunca fueron realmente escuchadas?

Incluso demasiados psicólogos, que supuestamente cobran por escuchar, ¡tampoco lo hacen! Sólo preguntan lo que quieren oír, cotejan las respuestas con sus manuales y, sin la menor duda, comprensión ni empatía, aplican rutinariamente sus protocolos y tratamientos.

Y es que escuchar, pero escuchar de verdad, es muy difícil. ¿Por qué? Porque requiere disponibilidad, interés, atención, empatía, incluso cierto esfuerzo a veces. Y porque, nos guste o no, la falta de escucha es uno de los rasgos más típicos y extendidos del narcisismo individual y social. De ese mismo narcisismo del que tanto se habla hoy en todas partes.

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Comentarios

  1. Cuanta verdad! Hay que observar, apoyar y acompañar en los procesos.

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