La culpable es la niñera
Muchas mujeres culpan de sus desdichas amorosas a los hombres, acusándolos de indiferentes, infieles, insensibles, abandonadores, inmaduros, adictos, etc. No piensan ni por un momento en qué medida pueden ellas mismas contribuir a todo eso, siendo por ejemplo también, aunque de maneras más sutiles o normalizadas socialmente, indiferentes, insensibles, infieles, abandonadoras, inmaduras, adictas... O en qué grado quizá se equivocaron eligiendo al hombre inadecuado ignorando las señales, actitudes, conductas, etc., que a menudo son evidentes para cualquiera y de las que, a veces, incluso fueron prevenidas.
Pero la verdadera cuestión no es esta. La cuestión verdaderamente importante es que los éxitos o fracasos de las relaciones de pareja no dependen de ser hombres o mujeres, sino de la neurosis íntima de cada uno y, en particular, del modo de vinculación psicoafectiva de la que somos capaces. Y esto se aprende siempre en la infancia. Sobre todo con la madre.
La forma de relacionarse un hombre con las mujeres depende esencialmente de cómo su madre y él se relacionaron, y también secundariamente de cómo la madre y el padre se trataron, y cómo fue el modelo y la propia relación con papá. Y la forma de una mujer de vincularse con los hombres depende exactamente de lo mismo: ¿cómo fue mamá y sus relaciones con ella, y lo mismo con papá, y cómo se trataron la madre y el padre entre sí? En general, y aunque también hay obviamente otros condicionantes menores, el asunto no puede ser más sencillo.
Así que, por mucho que nos quejemos de nuestras parejas, lo cierto es que, nos guste o no y tal como solemos reiterar en este blog, la responsable final de los problemas emocionales entre hombres y mujeres -así como de los problemas neuróticos en general- son generalmente las MADRES de las personas. Y no puede ser de otro modo, ya que, como sabemos, somos mamíferos y nuestra vida entera depende, como en todos los animales, de cómo fue nuestra crianza desde el útero. Cosa fácilmente demostrable si examinamos con detalle nuestra vida consciente e inconsciente, nuestra infancia, nuestra familia... lo que desgraciadamente, como suele ser doloroso, procuramos evitar y "olvidar".
En suma, lo mismo que en algunas viejas películas de suspense el culpable resultaba ser el mayordomo o la niñera, en este caso debemos observar muy especialmente a esa "niñera". También llamada a veces "la mano que mece la cuna".
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