Dolor y Miedo

La psiquiatría actual se basa en el famoso DSM, ese catálogo de sufrimientos humanos que el libro llama "trastornos", pero que en realidad sólo son etiquetas de conveniencia que sus autores inventan (o descartan) para definir qué problemas psicoconductuales son política y económicamente "inaceptables" en cada momento. (1) Y todo ello sin explicarnos por qué la gente sufre lo que sufre, qué otros responsables podrían haber en ello, cómo podríamos aliviar esos sufrimientos (sin recurrir a fármacos o terapias esencialmente "calmantes") y, sobre todo, qué podemos hacer para prevenirlos.

Si analizamos a fondo las centenares de etiquetas psiquiátricas, que también asume la Psicología,  descubriremos que la mayoría de ellas simplemente ponen nombre y describen las innumerables secuelas de sólo dos problemas humanos fundamentales: el DOLOR y el MIEDO. La mayor parte de la psicopatología se reduce, en mi opinión, a eso.

El ser humano sufre y tiene miedo de sufrir. Por eso hace lo imposible para evitar, defenderse o escapar de todo lo que le resulta doloroso o temido. Cuando ello es común y evidente para todos (p. ej., la enfermedad, el hambre, la violencia, la injusticia, la guerra), nos parece perfectamente normal protegernos colectivamente de ello. Pero cuando lo doloroso/temido es sólo individual, privado, invisible para la sociedad, entonces los conflictos y defensas del sujeto son también individuales, íntimos, muy personales, lo que resulta muy extraño a los ojos de los demás. Y en esto consisten precisamente esos sufrimientos psicoconductuales que, cuando son extremos o dañinos para alguien, llamamos en términos psicodinámicos "neurosis". Y que la psiquiatría considera "trastornos mentales".

Podemos intentar una especie de "tabla de equivalencias" entre lo humano y las categorías del DSM. Un pequeño "Diccionario Psicodinámico" que nos ayude a orientarnos en el galimatías de la "salud mental". Para ello, examinaremos con brevedad las consecuencias de los dos problemas esenciales mencionados: el Dolor y el Miedo.

1. EL DOLOR

Todos los dolores físicos y emocionales (conscientes e inconscientes) producen efectos, secuelas neuróticas. Y todas las causas dolorosas pueden agruparse, a mi juicio, en tres categorías:

1. Desamor. En el fondo, el dolor más agudo y destructivo que existe. Los bebés sin amor simplemente enferman o mueren. Y las personas más o menos carenciadas en lo amoroso, no importa si son conscientes de ello o no, desarrollan invariablemente  psiquismos más o menos débiles, vulnerables, inestables, que se expresan -según cada caso- de esas maneras "patológicas" que tan bien enumera el DSM. Por ejemplo, problemas depresivos, adictivos, psicóticos, psicosomáticos, alimentarios, suicidas, etc.

2. Violencia. Toda agresión a la integridad emocional y/o física de una persona, no importa su edad ni la fuente o el tipo de violencia, produce dolores más o menos graves y las consiguientes perturbaciones psíquicas y conductuales. Por ejemplo, miedos (causa a su vez de nuevos problemas, como veremos), y -volviendo al DSM- trastornos post-traumáticos, psicóticos, de personalidad, sexuales, adictivos, antisociales, etc. Obviamente, cuanto más precoz, intensa o prolongada fue la violencia/dolor sufridos, más graves serán sus "patologías".

3. Frustración. La imposibilidad de satisfacer necesidades básicas o apremiantes son, de hecho, carencias más o menos dolorosas y destructivas. Por tanto, la persona sometida grave o largamente, por ejemplo, a privaciones de alimento, salud, seguridad, validación personal, integración social, entorno justo y pacífico, etc., sufrirá alteraciones de distinto tipo y gravedad, de nuevo depresivas, adictivas, del sueño, de personalidad, etc.

2. EL MIEDO

El segundo problema básico es el miedo. El miedo es, como sabemos, una emoción defensiva que nos ayuda a evitar, defendernos o escapar de lo doloroso o peligroso. Ahora bien, cuando una persona sufre un miedo permanente, y/o en contextos de dolor crónico como los arriba citados, y/o le resulta imposible escapar de su fuente (que puede ser externa, pero también un conflicto interior, etc.), entonces el miedo deja de ser una defensa y se convierte en un tóxico, cuyo efecto principal es la parálisis.

Parálisis psicoconductual. La parálisis consciente o inconsciente genera en las personas bloqueos emocionales y cognitivos, evitaciones de la realidad, incapacidad de resolver conflictos, indefensión, etc., provocando con ello inadaptaciones y malestares más o menos profundos que la psiquiatría llamará, por ejemplo, trastornos de ansiedad, obsesiones, compulsiones, sentimientos de culpa o inferioridad, depresiones, adicciones, problemas de personalidad, alimentarios, sexuales, del sueño... Todo ello por miedo consciente o inconsciente, en última instancia, a esos "tres dolores" esenciales ya descritos: el desamor (en forma de desamparo, críticas, rechazos, exclusión familiar o social, etc.). La violencia (agresiones, ofensas, castigos, imposiciones...). Y la frustración (soledad, infelicidad, fracaso).

Con este minidiccionario vemos, en suma, que las heridas psicoconductuales del dolor y el miedo son para el DSM/Psiquiatría un mero listado en jerga técnica de supuestas "enfermedades". Pero para nosotros son los estragos psicológicos individuales (es decir, no sociales, de los que en todo caso ya se ocupará la Política, etc.) que, a través del dolor y el miedo, causan los abusos de la familia, la sociedad y el estado a los seres humanos desde su nacimiento.

Pero aún nos queda una última cuestión. Y es que si la Psiquiatría y sus fármacos, e incluso las psicoterapias cognitivo-conductistas habituales no comprenden el peso absoluto de la familia, la sociedad y el estado en el sufrimiento de las personas, ni tampoco quieren/pueden hacer gran cosa  por éstas salvo adormecerlas o intentar "reeducarlas", ¿qué otras alternativas nos quedan? Personalmente sólo alcanzo a imaginar dos opciones, ambas complementarias:

1) La prevención desde la infancia, mediante el fomento y práctica social de mucho más respeto, empatía y buen trato (amor) hacia los seres humanos (y, por supuesto, a todos los seres vivos). Lo que requeriría una modificación radical de nuestros valores y condiciones sociopolíticas.

2) La psicoterapia generalizada (igual que la Medicina universal). Pero no cualquier clase de terapias, sino sólo las basadas precisamente en el respeto, la empatía y el buen trato (amor) a los pacientes. Esto requeriría terapeutas lúcidos y honestos capaces de comprender las raíces profundas (dolor y miedo) del sufrimiento psíquico, y de comprometerse sinceramente con las víctimas en la recuperación, en la medida de lo posible, de sus heridas.

Ojalá nos acerquemos algún día, siquiera un poquito, a semejante utopía.

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1. La historia del muy controvertido DSM es la incesante invención, por toda clase de intereses prácticos, económicos, corporativos y políticos, de supuestas "patologías" mentales. Por ejemplo, en 1918 existían 22 trastornos diferentes. En 1952 (DSM-1) ya eran 106. En 1968 (DSM-2), 182. En 1980 (DSM-3), 265. En 1994 (DSM-4), 410. En 2013 (DSM-5), ? Todo esto es evidentemente absurdo.

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