Las buenas madres existen
En estos tiempos de "cristal", cuando tanta gente evita responsabilizarse o
comprometerse con nada y se ofende por cualquier cosa, muchas
madres eluden sus deficiencias alegando que "la madre perfecta no
existe". También muchos terapeutas, como viven de su clientela,
afirman lo mismo. Y así, diciendo esto, contribuimos entre todos a normalizar el mito de que la
"culpa" de los problemas neuróticos es... de los propios
neuróticos.
Pero no. En mi opinión, la trampa de la frase "la madre perfecta no existe" reside en qué entendemos por "perfección". ¿Qué es una madre (o padre, hermano, abuelo, amistad, pareja...) perfecto? ¿Acaso alguien buenísimo, santísimo, que todo lo hace bien, jamás comete errores, nunca daña a nadie, etc.? En este sentido, por supuesto que no hay nadie así, afortunadamente. Ni falta que hace. Porque los daños psicológicos, es decir, el sufrimiento infantil y sus consiguientes neurosis, no las causan las personas "imperfectas" (que somos todas), sino las personas destructivas. Que son otra cosa.
¿Que es una madre (o padre, etc.) destructiva? No se trata de alguien que simplemente comete algunos errores, etc., sino de una persona que está "poseída" por demonios internos, por severos conflictos emocionales conscientes e inconscientes que perturban absoluta y permanentemente su vinculación, actitudes y conductas con los demás. En este caso, con los hijos. Por ejemplo, todo su ser siente, piensa y actúa contra algún hijo/a desde un crónico egocentrismo, u hostilidad, o necesidad de dominio, o miedo, ira, violencia, etc. Todas sus "imperfecciones" son, así, proyecciones de su dolor interior -su neurosis- contra ellos. Por eso precisamente consideramos a estas personas destructivas, "tóxicas" para los demás, sobre todo para los niños indefensos en proceso de maduración. (1)
De modo que, contra las excusas generales, sí hay madres "perfectas". O, más bien, buenas madres. No porque nunca se equivoquen en términos psicológicos o educativos, o a veces pierdan los nervios, o incluso den algún cachete, etc., sino porque no sufren trastornos emocionales severos. Es decir, no son madres fundamentalmente tóxicas, patogénicas, sino sanas, bien vinculadas. afectuosas, nutricias para sus hijos. Es decir, amorosas. Por eso una madre amorosa puede fallar muchas veces, pero siempre sufre por ello, se disculpa, rectifica, pide ayuda si es necesario para mejorar, etc., y no causa, por tanto, daños notables. En cambio, una persona destructiva, incluso aunque a veces haga cosas acertadas, siga buenos consejos, etc., no podrá evitar importantes secuelas psíquicas en los niños... porque, en el fondo, niega, desdeña o ni siquiera percibe su responsabilidad en ellas.
La cuestión es: ¿cuántas madres y padres nocivos se atreverán a admitir sin excusas que lo son y lucharán por mejorar en lo posible su salud emocional?
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1. Me parece terrible que la mayoría de especialistas en la crianza sana, la problemática del maltrato infantil y la psicopatología/psicoterapia parezcan vivir en mundos separados, casi ignorándose entre sí. Como si sus respectivos abordajes no se refiriesen a una sola verdad, que entre todos queda lamentablemente encubierta: que la crianza destructiva lesiona a las personas; y que la mayoría de personas dañadas lo han sido en sus crianzas.
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