Entrevista a José Luis Cano
José Luis es mi
marido y amigo, o
viceversa, y también hemos sido colegas -psicoterapeutas- durante
muchos años, trabajando por separado. Guardando cada uno el
debido secreto profesional sobre sus pacientes, hemos disfrutado
de innumerables y enriquecedores debates sobre psicología y
psicoterapia, sobre teorías y resultados, sobre técnicas y éticas,
y sobre mil cosas más. Y seguimos haciéndolo cada vez que nos
planteamos un nuevo tema para este blog, como antes para otros
blogs o redes sociales, o cada vez que comprobamos la lamentable
degradación de la psicología y del mundo. Pese a nuestras
diferencias, siempre hemos estado de acuerdo en lo esencial. ¿Y
qué es lo "esencial"? Pues se nos ha ocurrido resumirlo aquí
planteándolo en forma de "entrevista" escrita. Yo pregunto a José
Luis y él, que tiene más experiencia que yo como escritor,
responde. Nos ha parecido un formato divertido. Así que aquí va el
experimento. :)
OLGA: Y aquí estamos de nuevo, Jóse. ¿Por qué crees que nos metimos, primero tú y más tarde yo, en este apasionante pero a menudo frustrante mundo de la psicoterapia?
JOSÉ LUIS: Pues no lo sé... Supongo que ya desde adolescentes ambos buscábamos respuestas y soluciones para nuestros problemas emocionales y familiares, y a ambos nos pareció, como el tiempo así nos confirmó, que las respuestas más inteligentes y profundas estaban en la Psicología. No desde luego la que predomina hoy, biologista y cognitivo-conductual, sino la que analiza experiencias, sentimientos, heridas, amor y desamor, psicodinámicas... Y si aquello nos sirvió a nosotros, ¿por qué no iba a servir a muchísima gente que también sufre cosas parecidas?
Tú recibiste varias terapias y, ya con 40 años, estudiaste Psicoanálisis y Psicoterapia. Aunque al hacerte terapeuta creo que algo te pasó.
Sí. Yo empecé entusiasmado con las teorías psicodinámicas en general, pero inesperadamente topé con algo que nadie me había enseñado, y era que todos mis pacientes sin excepción se quejaban del trato recibido por parte de sus familias. Ese trato podía ser inexistente, autoritario, despreciativo, abusivo, manipulador, perseguidor, etc., y estaba claro que todos sus síntomas (inseguridad, ansiedades, bloqueos, adicciones, tristezas, etc.) estaban relacionados con ello. Vamos, que eran su evidente secuela. Así que abandoné la "ortodoxia" psicologista y me enfoqué, no en los síntomas del sujeto, sino en cómo ayudarle a percatarse, protegerse y superar ese maltrato familiar y sus efectos.
Como ya dijo Alice Miller.
Exacto. Aunque por entonces yo aún no la conocía y durante 3 o 4 años me sentí muy raro y solo, porque empecé a escribir sobre maltratos y ningún colega de mi entorno hablaba de ello. El descubrir a Alice Miller, que había dicho lo mismo unos 20 años atrás, fue para mí un grandísimo alivio y confirmación. En realidad, ¡yo había "descubierto" la sopa de ajo, ja ja!
¿Te afectaban personalmente los problemas de tus pacientes?
Al principio, bastante, y tuve que aprender a "endurecerme". Pero no demasiado, porque creo que la herramienta principal del terapeuta es precisamente su sensibilidad, su corazón, su empatía. Si no puedes vibrar, emocionarte, comprometerte con tu paciente, no te metas en esto.
¿Cuál fue el caso más duro que recuerdas?
Uf, hubieron muchos... Por ejemplo, la mujer perseguida durante años por la verborragia aterradora de su madre. La chica estrangulada habitualmente por su padre, con la aprobación y en presencia de la madre. El chico que jamás fue tocado y ni siquiera mirado por sus progenitores. El hombre que fue maltratado como un "saco de mierda". La chica cuya madre se enfadaba dándose cabezazos en la pared...
¿Y el más bonito?
También hubieron muchos. Recuerdo con ternura, por ejemplo, a una madre depresiva que se sentía muy culpable por los muchos errores cometidos con sus hijas, y cómo se esforzaba en aprender y mejorar como persona y como madre. Yo también aprendí mucho de ella, como en general de todos mis pacientes. Creo que si un terapeuta no aprende nada de sus pacientes, es decir, de las personas y la condición humana, sólo es un predicador autoritario.
¿Qué aprendiste tú de ellos por ejemplo?
Hmm... Una de las cosas fue que muchos de mis pacientes eran, en algunos sentidos, mucho más fuertes que yo. Sufrían o habían sufrido en su vida muchísimo más que yo, maltratos que quizá a mí me habrían vuelto loco, pero allí estaban ellos, admirables, resistiendo y luchando. A veces me sentía indigno de ellos, un intruso, pues ¿quién era yo, comparativamente un "mimado", para comprenderlos de verdad y ayudarlos realmente? Sólo podía escucharlos, acompañarlos, amarlos... Esto me dio humildad, me bajó mucho los humos como supuesto "experto salvador" de los sufrientes.
Ya que mencionas el amor, siempre le diste muchísima importancia en la psicoterapia.
Claro. Y en la crianza y en la vida en general. Nunca olvidé una frase de Erich Fromm en El arte de amar: "millones de personas JAMÁS han conocido el amor en sus vidas". Por eso, si el terapeuta no empatiza, no acoge, no se preocupa genuinamente por sus pacientes como un buen madre/padre, ¿cómo demonios va a ayudarlo? ¡Si todo neurótico es un hambriento de amor! Pero siempre sin confundirse con él, con absoluto respeto y ética, por supuesto. Nosotros lo llamábamos el "amor blanco", ¿recuerdas? Ofrecerles, quizá por primera vez en sus vidas, una experiencia, aunque fuese temporal, de amor parental sano, seguro, nutritivo... Aunque luego fui descubriendo que el amor terapéutico también tiene sus limitaciones y peligros, de modo que hay que "administrarlo" con mucha prudencia.
¿A qué te refieres? ¿Cuáles son esas limitaciones y peligros del amor terapéutico?
El peligro era que algunos pacientes quedaban "enganchados" a ese amor, les interesaba más el calor del terapeuta que la psicoterapia misma, la voluntad de crecer y transformarse, etc. Y entonces las terapias dejaban de funcionar. En cuanto a las limitaciones, el problema es que para los pacientes que más han sufrido en su infancia el amor llega demasiado tarde. Ya no les sirve. No pueden sentir el amor del terapeuta (ni de nadie), introyectarlo, disfrutarlo, convertirlo en amor a sí mismos, etc. Su blindaje narcisista ya es impenetrable.
Ah, el narcisismo, ese concepto tan de moda, tan manoseado y politizado... ¿Qué es para ti el narcisismo?
Bueno, ya hemos escrito muchas veces sobre ello. El narcisismo, mayor o menor según cada persona, es la principal defensa psíquica del ser humano. Es su egocentrismo, su blindaje emocional frente al mundo. Cuanto más hemos sufrido de niños, cuanto más hemos aprendido que la familia -o sea, la vida- es dañina, más narcisistas nos volvemos. El narcisismo es no poder amar un mundo que no merece ser amado. Y entonces la psicoterapia, que precisamente requiere confianza, vínculo, permeabilidad al amor, no funciona. Y surge así el paciente "intratable" o "incurable", de los que hay muchos tipos: el prepotente, el inmune, el saboteador, el manipulador... Todos están resentidos y desconfían del amor.
Y cambiando de tema, ¿cuáles han sido tus principales referentes en tu trabajo?
Uf, han sido muchos y no todos relacionados con la psicología. Por ejemplo, Freud, Fromm, Rogers, Alice Miller, Laura Gutman, algunos de mis terapeutas, pero también enseñanzas y valores de otras fuentes: cristianas, budistas, taoístas sobre todo, y autores como Nietzsche, Alan Watts, Jiddu y U.G. Kristamurti, Osho, etc. En general, todas influencias humanistas y no moralizantes.
¿Por qué hay tantas clases de terapias y terapeutas, y cómo saber cuáles pueden ser los mejores, al menos para uno?
Yo diría que hay muchas terapias porque, en el fondo, a casi nadie le importa realmente descubrir la fuente de todos los problemas -o sea, la familia y principalmente la madre-, porque es demasiado doloroso. De modo que marear la perdiz se convierte en el centro del negocio. No hay muchas clases de cirugía o medicina, pero sí de "terapias", para las que además todo el mundo se cree capacitado, etc. ¿Por qué? Porque todos están huyendo de la verdad más básica: "mis padres no me amaron y no puedo soportarlo". Por eso, para mí el requisito fundamental de todo buen terapeuta es que se atreva a admitir esto en privado y en público, para lo cual suele hacer falta coraje, liberación de prejuicios, trabajo terapéutico previo, etc.
¿Qué opinas de las terapias on-line?
Que pueden se tan buenas como las presenciales, porque la psicoterapia se basa en la confianza y el vínculo. Su única limitación, que a veces es importante, es que no puedes tocar, confortar físicamente, abrazar a tu paciente.
¿Y de la Psicología actual en general?
Uuf, muy negativa. Salvo excepciones, por muchas que sean, la psicología actual me parece gélida, inhumana, incluso psicopática, claramente cómplice y encubridora de las fuentes del mal (la familia, la madre, etc.). Por ejemplo, cuando un paciente te revela, llorando, sus sufrimientos psíquicos a causa del desamor, el abuso fisico o sexual, el desprecio, las locuras, etc. de su familia durante años, debido a lo cual sufre ahora sus graves y muy dolorosos síntomas, me parece un crimen usar argumentos biológicos, consuelos optimistas o recetas moralistas tipo "te amaron a su manera, lo mejor que supieron, etc.". No. Lo que el sufriente busca es, ante todo, nuestra absoluta atención y escucha, nuestro acompañamiento y afecto, nuestra confirmación de que sus quejas son legítimas, no está "exagerando" o "equivocándose", no es "culpable" de todo (como siempre le inculcaron), etc. Por eso, lejísimos de aconsejarle los manidos "pensamientos positivos", el "comprender" y "perdonar" a sus victimarios, etc., lo que en primera instancia debemos hacer es ayudarle a expresarse, liberar los recuerdos, el dolor y los sentimientos de cualquier tipo (amor, odio, rabia, miedo, tristeza, culpa, vergüenza) que lleva dentro, para aflojar así las terribles tensiones íntimas que motivan sus síntomas. Y, una vez superada esta emergencia, ayudarle a descubrir por sí mismo los caminos que desee tomar en su vida.
Estoy totalmente de acuerdo. Y de la IA, ¿qué piensas? ¿Crees que podría reemplazar a los terapeutas?
¡Ja, ja, no sé! Pero, viendo cómo trabajan muchos terapeutas, que parecen fríos robots "del libro, el argumentario y el método", ¡quizá la IA lo haría mucho mejor! :)
Y ya para acabar, Jóse, ¿algún consejo para cualquier persona que quiera hacer psicoterapia o dedicarse profesionalmente a ella?
No sé... Yo diría a quien quiera hacer terapia que tenga claro que, como el amor, es un viaje a veces no agradable, pero necesariamente prioritario. No valen las medias tintas. Y que necesitará un guía cuya "calidad" no podrá ver por su fama, diplomas, precio, etc., sino comprobando personalmente su valor humano, sabiduría y empatía. Y a los terapeutas noveles... quizá recordarles lo indispensable de pasar su propia terapia, y que lo curativo no son tanto sus estudios, métodos, etc., cuanto su experiencia vital y su capacidad de respeto y compasión por el ser humano.
Qué maravilla de entrevista. Gracias por este diálogo tan honesto y enriquecedor. José Luis, hay una idea en uno tus libros que se me quedó grabada y que siempre me resuena con mucha fuerza: la advertencia de desconfiar de quien pretende salvar al mundo sin antes haberse salvado de su propio infierno. Qué verdad tan grande. Para poder acompañar a otros en su proceso, el único camino honesto es haber tenido el valor de mirar nuestra propia sombra. Les mando un abrazo con mucho cariño.
ResponderEliminarMuchas gracias, Sofía. Yo creo que el terapeuta es como un guía de viaje: si no conoce el país o ni siquiera ha salido nunca de casa, ¿cómo va a ayudar a alguien? 🙂 Un abrazo.
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