Los victimistas

Hay dos conceptos muy actuales, a veces demasiado vinculados o confundidos, que son los de "víctima" y "victimismo". Revisemos brevemente sus diferencias.

Una víctima es una persona dañada contra su voluntad por algo o alguien ajeno (otra persona, un accidente, una catástrofe, una guerra). Su dolor es real y desea sinceramente aliviarlo o sanarlo cuanto antes con las ayudas pertinentes, ya sean psicológicas, médicas, económicas, sociales, etc. Hay por desgracia infinidad de víctimas de todo tipo, desde las de tiranías y guerras hasta las de las familias patogénicas y sin amor. Y todas ellas merecen nuestro respeto, empatía y ayuda.

Pero el victimismo es otra cosa.

Una persona victimista, ya sea víctima real de algo, o no, es alguien que por comodidad, inmadurez o neurosis decide explotar su supuesta condición para obtener beneficios de cualquier tipo (atenciones, afectos, ayudas prácticas, subsidios...). Y lo hace incluso perjudicando a otras personas.

El victimista es un narcisista manipulador. En vez de afrontar y resolver en lo posible sus problemas, prefiere quejarse sin límites y culpabilizar a los demás para extraerles, sin esfuerzo alguno ni ofrecer nada a cambio, favores, sobreprotecciones e incluso privilegios. Vive, en definitiva, a costa de los demás. Y lo hace porque, en el fondo, se identifica tanto con su papel de supuesto "impotente sin remedio" que siente/cree que, sin dicho rol, "no es nadie".

Hay muchísimas clases de victimistas. Desde la mujer divorciada que, lejos de buscar ayuda o una nueva vida, se queja sin tregua aferrándose -y neurotizando- a sus hijos; o el falso paciente que se lamenta sin fin de su problema pero abandona la terapia cuando se le sugiere que debe responsabilizarse de sí mismo y solucionarlo; hasta quienes se quejan incansable -e incluso organizadamente- de cualquier dificultad, ya sea real, tergiversada o incluso inventada, para obtener a toda costa ventajas y recompensas. Y rara vez, como buenos narcisistas que son, cambiarán de actitud.

Creo que jamás deberíamos confundir a las víctimas genuinas con las personas victimistas. Las segundas sólo son parásitas de la buena fe de los demás y merecen nuestra desaprobación y alejamiento.

Comentarios

  1. Hola, José Luis. Tu artículo describe perfectamente lo que actualmente abunda en redes sociales: un mar de gente instalada cómodamente en su postura victimista, y no solo eso, muchos de ellos inventándose "tragedias" para obtener la simpatía de gente desconocida. Abrazos

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