De tal árbol, tales frutos
Si algo me ha enseñado la vida y la psicoterapia es que no sólo "de
tal palo, tal astilla" sino, más extensamente, "de
tal árbol, tales frutos". Siempre. Al mal jardinero, se
le enferma el jardín. El mal campesino pierde su cosecha. El
mal político arruina su país... Y, nos guste o no, los
malos progenitores crean o, al menos, propician toda clase de
trastornos emocionales en sus hijos, ya se manifiesten desde la
primera infancia o en la vida adulta. Pero increíblemente la
mayoría de familias y expertos en salud mental ni se
plantean el asunto.
Es asombroso que problemas tan graves y extendidos como, por ejemplo, el abuso sexual infantil, el acoso escolar, el tdah, las adicciones a pantallas o drogas, los trastornos alimentarios, la depresión o el suicidio infanto-juvenil, la violencia, etc., tengan causas presuntamente tan "misteriosas". Casi todos los expertos se limitan a considerarlas simplemente "biológicas" y/o vagamente "diversas" o del "entorno". Y quienes mejor conocen a los niños, que deberían ser sus padres, tampoco suelen "saber nada" al respecto. No se explican por qué sus hijos se trastornan. Muchos sufren seriamente a causa del problema del hijo afectado, e incluso se presentan como las víctimas principales del drama familiar, se vuelven activistas o influencers sobre el tema... Etcétera.
Pero siempre, absolutamente siempre, los niños con problemas íntimos o externos, ya sea dentro o fuera de casa, dan señales de que algo no marcha bien. Ansiedades, silencios, retraimientos, tristezas, irritabilidad, fobias, incluso indicaciones explícitas, etc., durante días, meses o incluso años. Otra cosa es que los adultos no quieran o no sepan ver tales señales, o interpretarlas, o las minimicen, o incluso les irriten o no les importen en absoluto. Y luego, cuando finalmente estalla de verdad el problema, comienzan los lamentos. Y entonces los profesionales se dedican a "combatir fuegos"... sin que nadie se haya ocupado jamás de limpiar preventivamente el bosque.
Por ejemplo, hace poco vi una entrevista a la madre de un niño autista que divulga sobre las experiencias con su hijo, etc. A lo largo de la conversación reconoció ser ella misma autista y que desde siempre la gente la había considerado demasiado "fría, independiente, emocionalmente ausente (estar sin estar)", etc. Y sin el menor atisbo de consciencia sobre la psicología más elemental de los bebés y los niños, ¡se extrañaba de que su hijo, entre otros síntomas, sólo se "relacionara" con objetos y peluches! La misma ceguera emocional parental que suele darse respecto a la mayoría de trastornos psicoconductuales.
Por eso creo que también en la Psicología, como en los demás asuntos humanos, la mayoría de gente, víctimas y expertos prefieren creer que los problemas "surgen de la nada", en vez de afrontar, comprender, responsabilizarnos y prevenir los problemas psicológicos desde el principio.
Así de terrible es nuestro infantilismo.
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