¿Hijos desagradecidos?
Millones
de madres y padres de todo el mundo esperan ser cuidados por sus
hijos cuando sean viejos. Más aún, creen que deben
hacerlo en justo pago por haberlos criado y se quejan
amargamente, los llaman egoístas y desagradecidos, etc., cuando
esos hijos no cumplen parcial o totalmente con sus
"obligaciones". Es lo que tiene la totémica moralidad del "Honrarás
a tu padre y a tu madre".
Pero el amor a los hijos, si es genuino, no es una inversión a futuro. En todos los tiempos la gente ha tenido hijos precisamente para eso: para garantizarse un seguro en el porvenir, para lograr ayudas laborales o emocionales en el presente, por intereses hereditarios y sociopolíticos, incluso por accidente, etc. O sea, muchísimas personas traen hijos al mundo no exactamente por amor, sino por el egoísmo de satisfacer sus propias necesidades materiales, psicoemocionales, sociales etc. Lo que no es, evidentemente, un buen comienzo para disfrutar del amor y gratitud de nadie.
El amor sincero de los hijos a los padres siempre es el fruto directo del amor real de los padres a los hijos. Por tanto, debido a las razones citadas, muchas personas que no fueron amadas, luego cuidan a sus padres ancianos no "por amor", sino (incluso aunque no quieran/puedan reconocerlo) desde la obligación moral, el sentimiento de culpa y el miedo. O dicho de otro modo, millones de familias, por moralidad, apariencias, neurosis personales, etc., fingen amarse a lo largo de la vida. Y cuando los hijos más sinceros o rebeldes no quieren o no pueden someterse a tal hipocresía, son brutalmente señalados/acusados de irrespetuosos, desagradecidos, malos hijos, etc. Esta clase de progenitores egoístas pretenden recoger unos frutos que jamás sembraron.
Por eso deberíamos no confundir la moral o la justicia con la VIDA. Las relaciones familiares, como todas las relaciones humanas son complejas y discurren por carriles totalmente DISTINTOS de lo que la ingenua, superficial y a menudo agresiva normativa social espera de ellas. Esas vías son de tipo biológico, psíquico, emocional, etc., y ninguna imposición externa puede modificarlas. Podrá reprimirlas, castigarlas, destruirlas, pero no crear nada. Por eso el amor no puede fabricarse. Sólo es posible "cosecharlo" como fruto de un amor previamente plantado y cuidado con esmero.
Amar "para" lograr cualquier cosa en el presente o el futuro es completamente absurdo e imposible. Cualquier expectativa o recompensa soñada invalida automáticamente el amor, demuestra su falsedad, siembra el dolor, el resentimiento y la ingratitud -conscientes o inconscientes- en los demás. No debería extrañarnos, pues, que muchos hijos parezcan "desagradecidos" y "abandonen" parcial o totalmente a sus egocéntricos padres. O, al revés, que vivan dolorosa y neuróticamente atados/dependientes de ellos.
La moraleja de todo esto es que, si amas a alguien (hijos, pareja, amigos, etc.), hazlo siempre de forma madura, sin esperar ni exigir nada a cambio. Hazlo solo porque sí, porque surge de tu fuerza interior, porque no puedes evitarlo. Nada de quejas victimistas -y mucho menos chantajistas- sobre los "muchos sacrificios" que has hecho por esa persona, etc. Porque lo cierto es que por mucho que ames, la otra persona no te debe nada. El amor no es una compra-venta. El amor no tiene nada que ver con la moralidad o la justicia. En definitiva: la gran paradoja es que, si necesitamos amor y gratitud, primero tenemos que cultivarlo.
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