El origen del acoso escolar
Es lamentable la hipocresía social
que existe sobre el problema del acoso escolar. Porque, en
general, los niños no son acosados ni, menos aún, algunos de
ellos se suicidan debido únicamente a la "maldad" de otros
niños, etc., sino sobre todo por su falta de protección, su soledad/desconfianza hacia quienes más deberían
cuidarlos y protegerlos: sus madres y padres. Es decir, sus propias familias.
Porque cuando las familias carecen (por distintos motivos) del amor suficiente y por ello son negligentes, neuróticas, desestructuradas y/o violentas, no generan ninguna seguridad ni autoestima en los niños. Hasta tal punto que estos no saben (desde muy pequeños) defenderse, poner límites, buscar ayuda, etc. frente a sus acosadores, de los que resultan una presa muy fácil. Muchos ni siquiera se atreven a confesar a los padres sus problemas en la escuela, internet u otros lugares, e incluso sienten por ello vergüenza, miedo, culpa, etc., porque saben perfectamente que decirlo no servirá de nada. O incluso será peor. Están acostumbrados a sufrir toda clase de burlas, reproches o indiferencias. Por lo tanto, tienden a sufrir en secreto sus humillaciones y maltratos, y muchos padres alegan entonces "no saber nada" de tales sufrimientos. Cuando el sentimiento de desamparo de estos niños/adolescentes se hace ya insoportable, algunos optan por quitarse la vida para dejar de sufrir.
Por eso no puede "combatirse" el acoso escolar sólo con leyes, concienciación, represiones, etc. Ni sirve de nada politizarlo, como suele hacerse con todos los asuntos que implican violencia, sexo, etc. Quien realmente se preocupe por la infancia, quien de verdad quiera proteger a los niños de cualquier forma de acoso o abuso (incluido el sexual), lo primero que debería hacer es destapar el contexto familiar de las víctimas. Analizar quién cuida de ellas o no, y cómo lo hace. Con qué grado de eficacia o negligencia se las protege. Qué clase de vínculos o conflictos existen entre padres e hijos. Qué nivel de salud mental, confianza, integración, afecto, alegría, etc. existe o no en el grupo familiar. Etcétera. Sin olvidar, y esto es FUNDAMENTAL, explorar exactamente lo mismo en las familias de los niños y adolescentes acosadores, violentos, abusadores y demás.
Por desgracia, es muy difícil que la mayoría entienda esto y se responsabilice. Porque hacerlo implica cuestionar las conductas de los adultos hacia los menores. Es decir, sus trapos sucios familiares, sus neurosis secretas, sus estilos de vida... Por ello la sociedad prefiere rasgarse hipócritamente las vestiduras, denunciar, cultivar indignaciones y victimismos, acusar en todas direcciones (a los propios niños, las escuelas, la sociedad, las tecnologías) y, sobre todo, encubrir espantosas situaciones familiares, así como la inacción de las políticas y autoridades de salud mental. Se hace cualquier cosa... excepto mirar directa y valientemente a la principal fuente del problema: el DESAMOR PARENTAL. (1)
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1. Naturalmente, todas estas reflexiones son igualmente aplicables a todas las anomalías infanto-adolescentes surgidas, lamentablemente y sobre todo, en las últimas décadas: tdh, adicciones, violencia, hipersexualización temprana, fantasías de "género", enganche a las redes, extravagancias "virales" de todo tipo (acciones peligrosas, antisociales, therians...), conductas evitativas, etcétera.
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